Prólogo.

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Hace cuatro años.

Me veo en el espejo, intentando que me guste o por lo menos me agrade la chica que se refleja allí. Suelto un suspiro, hoy era mi cumpleaños número 18 y mi padre había organizado una pequeña fiesta. Habían algunos de sus amigos, los míos y algunos familiares. Mi hermano mayor había venido desde la universidad y mi madre, para mi desgracia, también se encontraba aquí.

La puerta de la habitación se abrió con brutalidad y por ella apreció mi mejor amiga. Me vio con una gran sonrisa y se acercó para abrazarme.

—Estás hermosa— susurró en mi oído— te amo, Antonella Juliette— bromeó con mi segundo nombre.

—Y yo a ti, Eleanor Aura.

Salimos de la habitación y bajamos las escaleras, la planta de abajo se sentía de otro mundo. Música relajante, personas teniendo conversaciones y bebiendo champagne. No era el tipo de fiesta que me gustaba. Bash se acercó a nosotras para desearme un feliz cumpleaños y bromear un poco con Eleanor.

—Cariño— papá se acercó a mi con una sonrisa— Te estábamos esperando para un retrato familiar.

¿Un retrato familiar? vaya, hace mucho que no escuchaba eso.

Me despedí de mis dos mejores amigos y caminé a su lado, saludando a algunas personas, agradeciéndoles por sus buenos deseos y aceptando sus regalos y comentarios.

—Pudiste haberte puesto un mejor vestido— mi madre me observo de pies a cabeza con una mueca— ¿Aún hay tiempo para que se cambie?

Papá y mi hermano la miraron con el ceño fruncido.

—¿Que te pasa, Rafaella?— espetó papá— Ese vestido le queda perfecto, como todo lo que se pone.

—No empieces, es lo único que te pido— le dijo mi hermano.

Ella soltó un bufido y los ignoró completamente. Me coloqué al lado de mi hermano, quien me fundió en un abrazo.

—Gracias por venir, te he extrañado— le dije.

—Sí es por ti vendría corriendo, lo sabes.

—¿Están listos, señor Cavalcante?— preguntó el fotógrafo hacia mi padre, quien asintió y se posicionó a un extremo, dejando a mi madre en el otro y a mi hermano y a mi en el medio. Sonreímos y el flash nos cegó— Quedaron perfectos.

—Muchas gracias— agradecí. Justo pasaba un camarero con copas de champagne y agarre una rápidamente. A mamá no pareció gustarle eso.

—¿Cumplió 18 y ya vas a dejarla beber alcohol, Thomas?— espetó.

—Está bebiendo alcohol bajo mi supervisión y sabe controlarse— le contestó de mala gana. Ni siquiera se por que la invitó si sabemos que sobraba aquí. Quise decirles.

—Va a ser alcohólica.

—¿Como tú?— me giré hacia ella con los ojos prendidos en llama y la garganta llena de púas— No tienes ningún derecho a meterte con mi crianza, ni con lo que me pongo y mucho menos como luzco. Nunca has estado presente y no entiendo qué rayos haces aquí porque déjame decirte que sobras. Somos los tres, no necesitamos un cuarto.

—Soy tú madre— dijo escandalizada por que le haya dicho aquello.

Me importa una mierda.

Me alcé de hombros y me pegue a mi padre para susurrarle un "Vuelvo enseguida" y dejarlo con mi madre despotricando acerca de mi. Me dirigí con rapidez al baño para poder lavarme la cara y borrar las lagrimas que habían caído por mis mejillas en las escaleras. Gracias a dios no iba maquillada. Sentía un nudo en la garganta y la mente llena de pensamientos negativos que nunca había tenido.

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora