Capítulo 2.

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Capítulo 2| Palace Hotel, habitación 305.

Antonella Cavalcante:

—Estaré en el Palace Hotel.

—No iré, Lionel.

Me regaló una casta sonrisa.

—Habitación 305. Nos vemos allí al acabar la fiesta.

Me deja allí, de pie viéndolo marcharse hasta el interior de su casa nuevamente. Le veo entablar una conversación con un grupo de personas, mientras yo decido si irme al bar o irme a casa y escapar de todo esto. Pero el bar me sonó más tentador.

Sebastian esta allí, conversando con una chica, pelinegra y de ojos azules. Esta muy sonriente hablando con él hasta que nota mi presencia y esa sonrisa flaquea.

—¿Quien es tu amiga, Bash?— pregunto con suficiencia. Ella me repasa de pies a cabeza con una ceja alzada y no se deja intimidar de mi.

—Nunca había oído que te llamen Bash— se rió ella.

El moreno dirigió sus ojos azules hacia mi.

—Solo personas cercanas me dicen Bash— se encogió de hombros— Darcy, ¿ya conoces a Antonella?

Sonreí castamente.

—Antonella Cavalcante— asintió— ¿Quien no la conoce?

—¿Por que yo nunca he escuchando de ti?
—Ella luce ofendida— ¿Cual es tu apellido, querida?

—Soy Darcy Lennox, tal vez hayas conocido a mi hermano.

Asentí.

—Sí, creo que te he visto en revistas alrededor de tus hermanos— pido un whiskey antes de volver a centrarme en ella completamente— ¿Quien de ellos maneja la empresa? Creo que he hablado con uno de ellos muy de cerca.

—Dante maneja la empresa— ella achica sus ojos— Tu tal vez te has topado con...

Relamo mis labios al recordar el exquisito momento que viví con

—Debo irme— me inclino a dejar un suave beso en la mejilla de Bash— Hay cosas más importantes que atender.

Él se ríe.

—Se lo que quieres decir cuando dices esas cosas— puso los ojos en blanco— Que te diviertas.

—Por supuesto— hago una pequeña pausa— Fue un gusto, Darcy, espero verte más a menudo por aquí.

No espero una despedida por su parte ya que me alejo en busca de mi padre para así avisarle que me marcho a casa.

—Vamos a bailar— Pide en un susurro contra mi oído, la palma de su mano baja al final de mi espalda— Por favor.

—¿Has seguido bebiendo?— pregunto de mala gana y su sonrisa embobada me dice que sí— Joder, Lionel.

—Oh, no te enojes— hizo un pequeño puchero, que en otro momento me podría haber gustado, pero ahora estaba lo suficientemente enojada como para detenerme a apreciarlo.

Visualizo a mi padre acercase a nosotros por sus espaldas y siento un suspiro de alivio cuando me da órdenes de llevarlo a su habitación de hotel. Lo último que quería era que soltara algo íntimo suyo o de los dos. Irene llega corriendo hacia nosotros antes de que lo pueda subir a la camioneta.

Suelto un bufido que a él le parece graciosos cuando ella comienza a pasarle las manos por los hombros.

—Sí necesitas algo, llámame, estaré desocupada la noche entera— juro que ronroneó.

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora