Veintidós

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La Orden del Fénix.

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Madelyn ahora se encontraba en el Número 12 de Grimmauld Place, la antigua casa Black. Sirius le había enviado una carta diciendo que deseaba verla, Madelyn no muy aceptó ir.

Snape se ofreció a llevarla ya que él iría a la reunión de La Orden del Félix.

Al acercarse a las casas vecinas, el número once y el número trece parecieron empujarse para revelar al número doce, con unas paredes sucias y unas ventanas mugrientas.

Subieron los desgastados escalones de piedra sin apartar los ojos de la casa que acababa de materializarse. La pintura negra estaba estropeada y arañada, y la aldaba de plata tenía forma de serpiente retorcida. Snape sacó su varita y dio un golpe con ella en la puerta. Se oyeron unos fuertes ruidos metálicos y algo que sonaba como una cadena. La puerta se abrió con un chillido.

Entraron y se sumergieron en la casi total oscuridad del pasillo. La casa olía a humedad, polvo y a podrido. Se notaba que la casa estaba en total abandono.

Madelyn arrugó su nariz por el olor a podrido.

Se oyó un pequeño silbido y entonces las lámparas de gas se encendieron en las paredes proyectando una débil luz.

Madelyn se fue a unos cuantos años atrás imaginándose aquella casa una de las más bonitas de toda Grimmauld Place.

En el pie de las escaleras estaba Tonks esperando a Madelyn con una pequeña sonrisa.

—Gracias por traerme, Snape. —agradeció Madelyn, Snape asintió entrando directamente al comedor donde estaban los otros miembros de la Orden.

—Madelyn, linda —Tonks se acercó a Madelyn abrazándola—. Que bueno verte.

—También es bueno verte, Tonks —dijo Madelyn separándose del abrazo—. ¿Y Sirius?.

—Está ocupado en una reunión ahora —respondió—. Pero puedes subir y en un rato bajas —dijo, Madelyn asintió—. segunda habitación a la izquierda. —indicó, volvió a asentir para luego subir.

Al subir Madelyn estaba apunto de cruzar al pasillo que le había indicado Tonks, cuando se asustó al ver a un viejo elfo en el pasillo mirándola fijamente, con ojos esperanzadores.

—Amo Regulus... —murmuro el elfo con voz suave, aunque su voz era un poco ronca.

Madelyn frunció el ceño confundida.

—¿Regulus?, no soy Madelyn, Madelyn Black. —se presentó.

Kreacher, el elfo, se quedó unos cuantos minutos ahí procesando la imagen de la chica con casi los mismos rasgos que su antiguo amo y amigo. Pero sus ojos, Kreacher miraba los ojos de Madelyn, los mismos ojos de su amo Regulus.

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