Treinta y tres

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Maratón
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—¿Creías que después de dos escarbatos —dijo Umbridge en un susurro tirando un poco más de la cabeza de Harry, de modo que éste se quedó contemplando el techo—. iba a permitir que otra inmunda y carroñera criatura entrara en mi despacho sin que yo lo supiera?, Quitale la varita —le gritó a Madelyn, ella hurgó en el bolsillo interior de la túnica de Harry y sacaba su varita—. Y no te olvides de ella —señalo a Hermione, Madelyn sin dudarlo se la arrebató sonriendo—. Quiero saber qué hacían en mi despacho —dijo Umbridge agitando el puño con que le sujetaba el pelo a Harry, de modo que éste se tambaleo.

—¡Quería recuperar mi Saeta de Fuego!. —repuso Harry con voz ronca.

—Mentira —Umbridge volvió a zarandearlo—. Tu Saeta de Fuego está custodiada en las mazmorras, como sabes muy bien, Potter. Tenías la cabeza dentro de mi chimenea, ¿Con quién te estabas comunicando?.

—Con nadie. —contestó Harry, e intentó soltarse.

—¡Mentira! —gritó de nuevo Umbridge. Le dio un empujón, y Harry chocó contra la mesa.

Madelyn estaba apoyada en el alféizar de la ventana sonriendo mientras lanzaba la varita mágica de Harry y Hermione al aire y las recuperaba con una mano.

A continuación se produjo un alboroto al otro lado de la puerta, y entonces entraron los demás miembros de la Brigada que arrastraban a Ron, Ginny, Luna y a Neville.

—Los tenemos a todos —anunció Draco empujando bruscamente a Ron hacia el centro del despacho—. Este —dijo señalando a Neville— ha intentado impedir que agarrara a ésa —señaló a Ginny que estaba tratando de soltarse del agarre de otro miembro de la brigada—. así que lo hemos cogido también.

—Estupendo —dijo Umbridge mientras contemplaba los forcejeos de Ginny—. Muy bien, veo que dentro de poco ya no quedará ni un solo Weasley en Hogwarts.

Umbridge dibujó su ancha y displicente sonrisa y se sentó en una butaca de chintz.

—Muy bien —continuó con su dulce voz, más falsa y más peligrosa que nunca—. Muy bien, señor Potter...Le he ofrecido la posibilidad de contármelo voluntariamente y la ha rechazado. No tengo otra alternativa que obligarlo. Draco, ve a buscar al profesor Snape, por favor.

Draco asintiendo soltó bruscamente a Ginny saliendo de la oficina.

—¿Quería verme, directora? —preguntó Snape minutos después, y miró a las parejas de forcejeantes alumnos con un gesto de absoluta indiferencia.

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