Capítulo 35.

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Capítulo 35| Explosión.

Antonella Cavalcante:

—¿Por qué?

«¿Por qué?»

Mi padre se encontraba petrificado frente a nosotros y daba la sensación de que en cualquier momento estallaría. La desesperación que sentía ahora mismo por explicarle las cosas era mucho más grande que la que sentí cuando Nate descubrió este gran secreto. Pero no hago nada, ni siquiera me muevo por temor a hacer un movimiento en falso y que todo se salga de control.

Me exalto y me pego mas a Lionel cuando papá empuña sus manos y la copa que estaba sosteniendo hasta ese momento, cae destrozada sobre sus pies. Él me sostiene, no me deja caer y yo en silencio se lo agradezco.

—Papá...— intento otra vez, dando un paso cerca, pero Lionel a mi lado me lo impide.

Y aquello no pareció ser del agrado de Thomas Cavalcante.

—¡Quítale las manos de encima a mi hija!— le gruñe con enojo, sin moverse de su lugar— ¡Y en tu vida vuelvas a tocarla!

El hombre a mi lado hace justamente lo que Thomas le dice y alza ambas de sus manos en señal de paz.

—Todo tiene una explicación, así que te pido que te calmes y...

Papá ríe con sequedad, interrumpiendo a  Lionel cuando trata de conciliar con él y claramente no lo logra. Lo miro, busco en él la seguridad que necesito en este momento pero está igual de tenso que yo.

—¿Que me calme? ¿me estás pidiendo que me calme? ¡¿Cuando he visto a mi hija y a mi mejor amigo compartir un beso?! ¡Y no se sabe cuántas cosas más mientras me lo han estado ocultando!

Ninguno de los dos tiene la valentía suficiente para responderle, para siquiera refutar.

—¡Me han estado viendo la cara durante no sé cuánto tiempo! ¡Se han estado enrollando en mis malditas narices y yo he sido tan estúpido al nunca notarlo!

—Nosotros...— me hace temblar con la mirada que me dirige. Dura, de hierro.

—¡No!— me hace callar— ni siquiera te dirijas hacia mi, Antonella— espeta— No te quiero ni ver, no te puedo ni ver. Mi dulce niña...— la voz se le quiebra y me apresuro a llegar hacia él y abrazarlo, aunque él no me abrace a mi.

—Antonella— advierte Lionel a mis espaldas pero yo hago oídos sordos. Estaba consciente de que mi padre no estaba ahora mismo en todos sus sentidos, pero no me haría daño.

—Déjame explicarte y yo se que entenderás... papi...— susurro y dejo que las lagrimas fluyan.

Lo siento temblar y no se si es de rabia, de tristeza o de las dos. Cuando encuentro sus ojos, su mirada está cargada de una decepción que me escuece todo por dentro y tengo que llevar su mano a mi mejilla para que me sienta.

—¿No podía ser con otro?— pregunta hacia mi, totalmente destrozado— ¿No podía...? ¿No...?

Ni siquiera podía terminar lo que empezaba a decir, la voz se le quebraba a tal punto de no permitírselo y aquello me hacia sentir una terrible persona.

—Perdón por estar haciéndote pasar por todo este dolor, papá.

—No te imaginas lo que estoy sintiendo, Antonella— visualizo las lagrimas caer por sus mejillas y él rápidamente se las aparta.

—Déjame explicártelo— pido una vez más. Si lograba convencerlo... si acaso me dejaba contarle las cosas, tal vez... podría comprender.

Pero papá me aparta de su cuerpo, haciéndome jadear por el movimiento brusco. Lionel maldice y vuelve a tomarme entre sus brazos. El
hombre frente a nosotros nota aquel movimiento protector y aprieta la quijada.

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora