•Dime la verdad.•

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Me despierto sobresaltada al oír gritos desesperados...

-—¡Oh, no! ¡¿Qué te ha sucedido, niña?!

—¿Qué? —cuestiono confundida.

Solo que mi confusión se esfuma completamente cuando intento reacomodarme y no puedo debido al dolor que emana mi cuerpo.

Oh dios...

Miro lo que me rodea y efectivamente me encuentro en la biblioteca...

—¡Necesitas un médico! —grita desesperada la señora frente a mí...

—¡¿Qué?! ¡No, no, por favor! —ruego comenzando a asustarme.

—Niña, estás... —niega con su cabeza, como si tratara de convencerse a si misma. —Estás toda...golpeada... ¿Quién te ha hecho esto?

Su voz adquiere un notable tono de angustia...

—Nadie... No ha sido nadie —miento.

—¡Tengo que llamar a Cárdigan! —ladra desesperada.

Intento levantarme pero caigo al suelo de nuevo...

El frío de este me golpea bruscamente en todo el cuerpo.

—¿Cómo has terminado así? Tienes que contarme...Por favor... —suelta la señora demostrando nerviosismo y desesperación.

—No puedo... —le comento, cabizbaja.

La señora, la cuál supongo que es la bibliotecaria se acerca a mí y dobla sus rodillas para quedar a mi altura.

—Niña... Por favor... No puedes dejar pasar esto como si fuera algo normal... Te ha dejado toda lastimada, tu pijama tiene rastros de sangre, tu mejilla está morada... Hay que contárselo a la directora.

—¡No! No le puedes decir a nadie... Por favor... —suplico atemorizada. —Él...él tiene contactos... S-si se entera —un escalofrío me recorre —, no q-quiero ni pensar en...en lo que podría...pasar si llegase a enterarse...

Su rostro adquiere una expresión de tristeza mezclada con rabia...

—Lo que él hace está mal... Niña... —susurra abatida.

—Lo sé pero... Yo... No quiero sufrir más —le hago saber con tristeza.

—Pero...

—Por favor... Si él se entera que yo le he dicho a alguien me... Ya sabes... Me dejará peor... —suplico desesperada.

La bibliotecaria me mira indecisa pero termina accediendo a regañadientes.

Dejo salir un suspiro de alivio.

—Pero no te puedes quedar así, ven conmigo, ¿Sí? —pide ella a medida que una sonrisa débil y triste escapa de sus labios...

Asiento despacio e intento levantarme pero es en vano...

Joder...

Me encuentro demasiado adolorida, es...Intolerable, insoportable...

Me duele mucho...

Ella me mira.

—¿Quieres que te ayude...? —cuestiona con afectación...

—Por... Por favor... —suplico cerrando mis ojos fuertemente.

La señora me toma el brazo, se lo coloca detrás de su cuello, y apoya su otra mano sobre mi cintura para más equilibrio.

Suelto un fuerte quejido de dolor, pero... Por lo menos me encuentro de pie...

Alas de fuegoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora