•Encuentro extraño•

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He pasado la barrera...

De nuevo...

Tengo miedo, pero aún así continúo corriendo.

No quiero volver a escuchar los comentarios de todos, en especial los comentarios de él...

Las lágrimas continúan saliendo de mis mejillas, llegando a empaparlas por completo.

Lloro por el dolor físico y mental que siento en estos momentos...

Es demasiado dolor, demasiado.

No quiero sufrir más.

¿Por qué a mí?

¿Por qué siempre tengo que ser yo a quien traten mal?

¿Por qué siempre tengo que ser yo a quien insulten?

¿Por qué siempre tengo que ser yo a quien humillen?

¿Por qué...?

Ya no quiero sentir eso.

Ya no quiero sentir como mi mundo se despedaza cada día más.

El nudo de mi garganta se hizo presente cuando las palabras de Sky llegaron a mis oídos, y aquí, mientras corro, lo sigo sintiendo...

Y es doloroso, porque se intensifica a un punto en donde hasta respirar se me dificulta...

Freno en seco al ver el lago encantado que visité con Brigitte...

Sigue estando demasiado limpio y bonito.

Limpio con el dorso de mi mano, ya que mis palmas sangran, mis húmedas mejillas y comienzo a contemplar la hermosa vista que se encuentra frente a mis ojos.

¿Cómo es posible que algo tan hermoso sea tan peligroso?

Mi vista se nubla, y para liberar la rabia, el dolor, la nostalgia que me consume, comienzo a gritar.

A gritar porque aquí nadie me escucha, nadie me ve.

—¡Son todos unos malditos! ¡Jódanse! ¡Jódanse todos, maldita sea! ¡Todos son unos idiotas que no saben lo que es la empatía! ¡¿Por qué?! ¡¿Eh?! ¡¿Por qué, maldita sea, por qué?! —en cada frase mi voz se desgarra más y más.

Utilizando mi puño, le pego con fuerza a un árbol que está a centímetros de mí.

—¡¿Por qué a mí?! ¡¿Eh?! ¡¿Por qué tengo que ser yo quien soporte todo eso?! ¡Esto es una mierda! ¡Completamente una mierda! —por cada grito, es un golpe que pego al árbol, llegando a un punto en donde las pequeñas astillas comienzan a clavarse en mis manos, provocándome demasiado dolor.

Pero aun así, continúo.

—¡Los odio a todos! ¡A todos! ¡¿No se lo pudieron hacer a otra persona, verdad?! ¡¿Por qué tuve que ser yo?! ¡Te odio, Kassia! ¡TE ODIO! ¡Te odio, Alexa! ¡TE ODIO! ¡TE ODIO, SKY! ¡TE ODIO, MALDITO BASTARDO!

Golpeo, grito, golpeo, grito, golpeo, grito.

—¿Por qué tuve que ser yo? —repito en un tono más bajo y descanso mi espalda sobre el árbol que, ahora, se encuentra con gotas de sangre.

Sangre de mis nudillos.

—¿Por qué soy yo a quien tienen que hacer sufrir de esa manera...? susurro en un hilito de voz, deslizándome hacia el suelo...

Una opresión dolorosa aparece en mi pecho.

—Los odio a todos... —balbuceo doblando mis rodillas para luego colocar mis brazos ahí y esconder mi cabeza.

Alas de fuegoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora