Capítulo 44.

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Capítulo 44| Vuelve a mi.

Lionel Herrán:

—Ese señor nos ha amenazado a todos, ¿y tú me dices que no irás a verte con él?

Asiento y la cara de Gisela, al menos para mi, es un poema total. Tiene muchas ganas de golpearme pero se contiene y se que lo hace por nuestra cría, quien se encuentra desde una esquina con los brazos cruzados intentando mantener la calma.

El niño estaba apunto de desmayarse.

Alzo una ceja hacia Gisela, tentándola a ponerme un dedo encima.

—Sí, es justamente lo que he dicho— y para rematarla, afirmo.

Es cuando mi preciosa Antonella, a mi lado, me coge de la barbilla con fuerza antes de que la misma Alemana se tire encima de mi y acabe conmigo. Me hace poner los ojos en ella e inmediatamente sonrío y le acaricio la mejilla con suavidad.

Entonces lo veo en sus ojos, está mortificada y deseaba con tantas fuerzas quitarle aquel sentimiento.

—¿Que te preocupa, linda?— susurro solo para nosotros dos. ¿Que me importa el mundo o siquiera los demás? mi atención estaba completamente en ella.

—Todo— responde en un hilo se voz.

—Nada va a pasarte, amore, de eso no tengas dudas.

Antonella me toma de las mejillas y las aprieta levemente, rápidamente noto la humedad en sus ojos y les hecho una mirada a los demás para darme cuenta de que están en sus propios asuntos, carcomiéndose la cabeza, y la atraigo hacia mi aún con mi mirada puesta en la suya.

—Antonella— le llamó con suavidad y le detallo el rostro— ¿Que pasa?

—Me preocupa más lo que puede pasarte a ti que a mi.

Le niego en la cara, frunciendo levemente el ceño y dándole a entender que aquello me ha desagradado.

—No, mi prioridad siempre serás tú y el que estés a salvo también, Antonella.

Ladea la cabeza con la clara molestia pintada en su rostro.

—¿Que me estas diciendo?

—Que si tengo que sacrificarme por tu bienestar es lo que haré.

Se escandaliza y fuego en sus ojos es lo siguiente que veo.

—Calma...— susurro cuando noto que si le ha afectado.

—No vuelvas a decir una cosa así, jamás, Lionel,  por favor— deja un beso en mis labios, una suave presión que siento como las mil maravillas— por favor...

—Antonella, no cambiaré de parecer.

Me golpea levemente el pecho.

—Nadie va a sacrificarse— insiste— Escúchame...

La interrumpo.

—Escúchame tú, pequeña, yo sin ti no puedo existir y vivir se me haría una tortura si no te tengo.

Aleja sus manos de mi cara con rabia y traga grueso.

—¿Y yo? ¿crees que a mi se me haría más fácil existir... respirar si no es por ti?— se le quiebra la voz— como mismo te sacrificarías por mi, yo lo haría por ti y no me discutas más por que me estás dejando ver lo egoísta que eres al querer dejarme en este mundo sin ti.

Aprieto la quijada para no refutar, necesito que esté tranquila y para nada alterada. No cambiaría mi parecer aunque la mismísima reina Isabel reviviera, pero por ahora podría estar calmado. Mi prioridad número uno siempre será ella, hasta el día de mi muerte con tal de tenerla en el pedestal en el que no la tuve antes.

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora