Capítulo 45.

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Capítulo 45| La mia piccola.

Lionel Herrán:

Conduzco.

Conduzco con el corazón acelerado.

Conduzco con todos los recuerdos hasta este momento reproduciéndose en mi cabeza.

Conduzco con rabia y miedo, por que sí, sentía un miedo hijo de puta y una rabia tan grande que me calentaba la sangre.

Miedo de no saber cómo terminaría esto o como de simplemente será. Rabia de estar cumpliendo con la orden de Alejandro Dubois y rabia por no haber tenido los cojones de salir de este lío cuando tuve la oportunidad.

Llego a mi destino y no es para nada lo que imagine, pese a haber estado conduciendo por una hora y media con el móvil explotándose de llamadas en el bolsillo de mi pantalón de vestir en medio de la nada y solo estar viendo el tedioso color verde, pensé que no me traería a una cabaña. Pero era lo que tenía enfrente, una cabaña diminuta y rústica.

Este vibra nuevamente y solo por que se trata de Marco es que contesto. Logro ver varios mensajes de mi mujer pero no me atrevo a leer ninguno, ya que cuando se trataba de ella toda mi estabilidad se iba a la mierda.

Amico dell'anima— saluda.

—¿Lo tienes?

—Sí, ¿a nombre de quien la persona deberá entregarlo?

—Quiero que lo entre en sobres y ponga lo siguiente: (M.S) (T.G) (N.E) (W.I) (A), ¿está claro?

—Más que el agua.

—Debo pedirte algo más...— cierro los ojos con fuerza y no lo pienso dos veces— necesito que hagas un documento en donde le esté dejando todo a Antonella. Mi dinero, mis tierras, mis propiedades, mi empresa y mi apellido... absolutamente todo, Marco.

La voz me tiembla y es cuando siento el corazón acelerado y los ojos aguados. Le daría todo aunque eso no me involucrara a mi. Lo tendría todo de mi y si yo partía, no tendría mi cuerpo pero al menos le dejaría mi alma.

—¿Quien es Antonella?— la curiosidad en su voz es notoria y el simple hecho de que me pregunte por ella, me hace viajar a eso, a «quién es Antonella».

Era el amor de mi vida y aunque debía de admitir que fui un hijo de puta por haberla hecho pasar tanto dolor en el pasado, la amaba con locura. Aquello no me lo perdonaba a mi mismo y dudaba de que lo hiciera en mucho tiempo. Era la mujer con la cual quería terminar de envejecer, quería tenerla a mi lado por siempre, besar sus labios todos las mañanas y todas las noches. Soñar con ella, respirar por ella.

Mi corazón solo bombeaba sangre por que Antonella se había adueñado de él, mi alma le pertenece a ella, mi cuerpo también y si algún día ella no me quisiese más, seguiría perteneciéndole a ella por completo.

—Mi mujer— respondo con una imagen mental de su sonrisa y de sus ojos mieles verdosos. La vi de pie frente a mi, riendo a carcajadas con el cabello marrón cayéndole por la espalda y aquellos ojos que solo brillaban por mi.

—La última vez que hablamos estabas casado con Gisela.

—Te has perdido de mucho.

—Y a la única Antonella que conozco es a la hija de Thomas.

Tuerzo los labios.

—La misma.

—¡Lionel Herrán!— me reclama.

—Es mi mujer, Marco.

Un bufido es lo que escucho.

—Lo tendré listo, ¿cuando sabré que lo tengo que entregar?

El Mejor Amigo De Mi Padre. ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora