Diez.

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Capítulo diez: «Estas buemo».

Sentada en el jardín de un extraño, apoyada en el hombro de otro extraño y extrañamente llorando.

Qué extraño.

—Lo siento —hablé tocando el césped recién cortado.
—¿Por qué? —preguntó serio.
—Por lo de antes, por gritarte y por golpearte. Y por llenar de mocos tu camisa, te queda bien —le acomodé la manga.
—Eh... Gracias.
—No hay de qué —hablé y me limpié las mejillas del rastro de lágrimas que aún quedaba. Seguro el maquillaje se había corrido, pero no me importaba tanto, raramente.

Se sacó la chaqueta y me la puso encima, ni siquiera preguntó, sólo lo hizo.

—¿Por qué estás siendo bueno conmigo?, no me lo tomes a mal, no quiero sonar malagradecida, pero...
—Yo soy bueno.
—No conmigo —murmuré sorbiendo los mocos con la nariz. No me importaba ser fina.
—No lo sé.
—¿Qué?
—A veces me molestas mucho, pero luego... No sé.
—¿Te han dicho que eres raro?
—Solo tú.
—Bien, recuerda eso —sonreí de lado y me separé de su hombro.
—¿Por qué?
—¿Qué cosa?
—¿Por qué llorabas? —reí poco y lo miré.
—¿Realmente eso te importa? No quiero sonar grosera, nuevamente, no me lo tomes a mal. Siempre me miras enojado, como si te hubiera hecho algo... No entiendo por qué de pronto quieres saber qué me pasa.
—Yo... —Se quedó sin palabras, al parecer.
—No lo sé, si realmente quieres saber, no lo sé. Creo que sólo explotó todo —él me miró sin entender.
—¿No te dicen nada cuando vuelves así a casa? Es decir... ¿Te gusta que tus papás te vean así?
—Mi mamá murió hace dos años y mi padre pasa más tiempo en su teatro que con nosotros.
—Lo siento —negué con la cabeza mientras él hablaba.
—No lo digas, yo no lo sentí. Es decir, ni siquiera lloré en ese instante. No sé si fue por mi hermano o para que mi papá no se desplomara más. Pero cuando me enteré de que mi mamá...
—¿Es por eso?
—¿Qué?
—¿Por eso sales tanto? Intentas fingir que nada está pasando y dices divertirte, pero sabes que estás incómoda.
—¿Eres estudiante de cocina o psicólogo? Yo no salgo para desfogarme, yo salgo porque...

Me quedé callada. ¿Qué estaba haciendo?
Era cierto, lamentablemente tenía toda la razón. Mi madre no me había permitido salir cuando era más joven. ¿Qué rayos estaba haciendo con mi vida?

—Lo haces.
—Lo hago —susurré apoyando la cabeza de nuevo en su hombro— en realidad lo hago.

Me había vuelto esa persona que antes no hubiera querido ser. Por eso me sentía incómoda en muchos lugares. Dicen que todo en exceso es malo, y yo ya había llegado a mi límite.

Estaba entre buscar un nuevo camino, o dejarme caer.

Por fuera mi vida podría parecer divertida, sí. Tenía un buen trabajo, estaba por llegar a mi último año de carrera y según ellos, amigos me sobraban.

Yo podía ser su amiga, pero ellos no eran mis amigos.

Estaba sola y estaba cansada de una vida mediocre.

—Estoy sola.

Él me miró y alzó un poco su brazo dudando en rodear mi hombro, pero al final lo hizo.

—Estás sola sólo si tú lo decides.

Y ya que sólo Joseph estaba a mi lado, lo abracé de la cintura y me acurruqué en su pecho. Tal vez aún estaba un poco ebria.

O es que tomaba confianza muy rápido.

O ambos.

—Mañana será todo igual, ¿verdad?
—¿Qué?
—No lo sé, ¿me tratarás mal de nuevo por la mañana?
—No te trato mal.
—No mientas, Joe.
—¿Ahora me llamas Joe?
—Sólo... Salió.
—Bien.

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