Veintitrés.

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#MaeDay

Capítulo veintitres: Salida previamente coordinada.

—Eh...
—Gracias por ir a buscarme, y dejarme en casa. Lo aprecio mucho, de verdad.
—No hay problema.

Dijo, y se quedó ahí. Sonreí esperando a que se mueva y chasqueé el dedo frente a su rostro.

—¿Todo en orden? ¿No volverás a tu casa?
—Pues... Eh, sí —asintió y reí abriendo la puerta del auto.
—Nos vemos mañana en clases, recuerda que hay examen de historia —hablé y cerré la puerta mientras me acomodaba el bolso. Bajé la cabeza para que me viera bien y guiñé con el ojo para luego dirigirme a mi casa.
—¡Adiós! —Fue lo único que soltó mientas caminaba.

No volví a voltear, oí como el auto arrancaba en cuanto entre a casa, solté el bolso y corrí hacia el estéreo para bailar. Estaba Julien Garnier, pero ni siquiera eso me molestaba. Me movía por el lugar tocando una guitarra inexistente. Bailé y salté por todos los sofás para terminar desparramada en uno de ellos.

—¡Gracias! ¡Gracias, público! —grité alzando los brazos y giré hacia la escalera donde sentía que me estaban mirando. Papá y Derek asomaban la cabeza cual monos y yo reí— hola.
—¿Qué te pasa? —preguntó mi hermano mientras bajaba siendo seguido por papá.
—Oh, nada. Sólo le dije a Joseph que me gusta y me siento libre.
—Ah... Bueno —asintió papá mientras sacaba jugo de la nevera.
—¿Qué? —preguntó Derek sentándose a mi lado— ¿por qué él? ¡Me llama mudito!
—Derek, eso era antes, las veces que se han visto te ha tratado bien. Sabes que no es una mala persona.
—Dijo ella, la que quería acariciar su rostro con un ladrillo —habló mi hermano y yo me solté a reír.
—Yo nunca dije eso.
—Pero dijiste que te molestaba tanto que querías patearle la cara con tus tacones.
—Mentira.
—Es cierto, botoncito. Lo hiciste.
—Como sea. Papá, ¿puedo hablar contigo? —miré a mi hermano— a solas.

Mi papá se rio mientras Derek subía las escaleras a regañadientes y luego se sentó frente a mí.

—Aquí estoy.
—Quiero aprovechar este momento de sinceridad para decirte algunas cosas.
—Como dije, aquí me tienes, botoncito. Soy todo oídos.
—Nos estamos perdiendo —hablé mirándolo, pasé el celular de una mano a la otra y me acomodé el cabello para atrás, estaba nerviosa... Sabía lo que venía.
—¿Qué? —preguntó totalmente confundido, yo ladeé el labio y me acomodé en el sofá.
—Esta es la cosa, cuando mamá falleció, dijiste que no te ibas a separar de nosotros, ¿lo recuerdas? Y con esto no estoy pidiendo que estés con nosotros todos los días, las veinticuatro horas por toda la semana... Me refiero a que últimamente han pasado muchas cosas y a veces simplemente... No estás. Sé que Derek y yo estamos grandes, pero a veces necesitamos de tu compañía, ¿recuerdas los sábados Griffin? Hace tiempo no hacemos uno. Eso era una costumbre... —tomé aire y miré hacia arriba— a veces sólo necesito estar con ustedes, y si crecer se trata de alejarte de tu familia, pues no quiero ser adulta. No es justo.
—Botoncito, no —negó con la cabeza y se acercó para abrazarme—, no te pongas así. Ustedes dos son mis pilares, creo que sin ustedes no podría seguir adelante, yo agradezco mucho lo que haces aquí, creo que sin ti, esta casa se vendría abajo. Y tienes razón, sé que últimamente he estado mucho en el teatro y poco en casa... Hace unos días lo estuve pensando, y te prometo que intentaré ordenarme. Quiero que sepas que crecer no se trata de alejarte de la familia, en algún momento vas a hacer tu propia familia, pero eso no significa que te alejarás de nosotros. Tu hermano y yo estaremos siempre para ti, ¿sí? —yo asentí intentando no llorar y él sonrió abrazándome— ¿recuerdas por qué te llamo botoncito?
—Sí —asentí y cuando iba a hablar, papá interrumpió.
—Cuando tu mamá y yo n...
—Papá, sí sé la historia.
—Mae, seguro a alguien le interesa saber el porqué.
—Pero... Sólo estamos tú y yo.

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