Veintinueve

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#MaeDay

Capítulo veintinueve: ¡Quítenmela de encima!

—¿Se puedes saber por qué estás gritando como una desquiciada? —preguntó mi hermano bajando las escaleras, entonces se quedó parado, pero Max seguía bajando e hizo que ambos caigan al piso— ¡Estoy bien! —Se levantó rápidamente limpiando sus rodillas.
—Mi-mia —reí mientras la abrazaba. Entonces mi sentido emparejador se activó— Derek... —Me limpié las lágrimas y sonreí rodeando el hombro de Mia— Te presento a mi mejor amiga.
—Hola, ratón —sonrió ella y él no dejaba de mirarla.
—Ah... Este... Sí, eh... Hola.
—Yo creo que aquí viene un abrazo —susurré mirándolos. Pero no hacían nada, así que empujé a mi amiga y Derek la atrapó.

Suspiré y halé de la mano de Joseph para abrazarlo de la cintura.

—Sabías todo esto... Por eso caminaste hasta acá.
—Valió la pena, Muffin —besó mi frente y lo abracé más fuerte haciendo que se queje por un segundo y luego corresponda el abrazo.

Un sonido de violín empezó a sonar, yo giré a ver de dónde provenía, Max lo estaba reproduciendo desde su celular con los brazos cruzados.

—Esto es como darle chocolate gratis a quien está a dieta, ¿saben? —Se quejó mirándonos y Pedrito se acercó a él, entonces lo cargó y empezó a acariciarlo— Sí, lo sé. Nos abandonan, amigo. Sé lo que sientes.

Reí y corrí a abrazarlo, poco después Derek se unió y al final Mia y Joseph también.
Unos minutos después de asimilar la situación, estábamos sentados en la sala sin saber qué hacer.

—¿Y cómo llegaste aquí, fea? —preguntó Max mirándola.
—Te contaré, Mínimo. Lo que sucedió es que hace unas semanas, mi hermana me dio la noticia de que había conocido a alguien que trabajaba en Disney. Y estaba la posibilidad de que llegáramos ayer para estar en tu cumpleaños, Mae... Pero no se pudo porque Christine tenía una emergencia laboral. Pero hoy salimos muy temprano y llegamos hace como... Una hora.
—¿Viniste solo con tu hermana?
—Sí, no sabes lo que nos costó que mis papás aceptaran todo esto. ¡Tuvimos que armar un plan de viajes! Pero al final lo logramos.
—¿Y cómo es que viajaremos? No entiendo.
—Bueno, sé que sales de vacaciones en una semana, como sabrás, salí hace unos días. Así que básicamente estaremos aquí un poco antes de navidad.
—¿Qué?
—Estaremos una semana aquí, una y media en Disney y unos cuantos días más aquí.
—¿Es en serio? —volví a gritar y salté un poco aun sentada.
—¡Hola, familia! —saludó papá entrando con una pizza en la mano— traje... Comida. Eh, hola.
—¡Pá! ¡Mira quién está aquí! —Me acerqué corriendo para besar su mejilla.
—¡Oh! ¡Hola, tuya!
—Soy... Mia.
—Sí, ya sé que eres tuya.

Mia me miró y yo negué con la cabeza. Nos estábamos comunicando con la mirada.

—Es un gusto conocerlo, señor. Mae siempre me ha hablado de usted.
—No me digas señor, dime...
—¡Esperen! —hablé alzando las manos— ¿dónde se van a quedar? No pueden pagar un hotel por tanto tiempo.
—¿Por qué? Lo va a pagar Christine. —yo reí y miré a papá, él asintió sonriendo. Ahora nosotros estábamos teniendo la conversación.
—Pueden quedarse aquí.
—¿Qué? ¡No! ¿Cómo se te ocurre? No podríamos aceptar que...
—Mia, no es una pregunta. Se van a quedar aquí. Hay una habitación de huéspedes que nadie nunca usa porque nunca tenemos huéspedes, es el momento perfecto.
—Creo que debo consultar con mi hermana...
—¿Y dónde está ella?
—Se fue a bailar.
—Claro... Christine.
—Sí, bueno...
—Lo sé, es totalmente...
—¡Exacto!
—No entendí —habló Max alzando la mano.

Entonces un coro entre Derek, Joseph y papá sonó con un: "yo tampoco".

—Eh, ¿hola? Es una conversación de dos —hablé señalándome y luego a Mia.
—Eso es tan...
—Totalmente.

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