Treinta y tres.

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#MaeDay

Capítulos treinta y tres: Vinos y quesos.

—¡¡Mi amor!! —gritó Max haciendo que cierre los ojos y que Mia me tome una foto así.
—Oh, esta es buena —rió mi amiga mirando la cámara.
—Vamos —Tomé de su brazo y la hice caminar hacia el pasillo para luego bajar las escaleras.
—Max, deja de llamarme así, por favor.
—Está bien, mi amor.
—Está bien —bufé mirándolo y empujé su frente— escucha bien jirafa... Larga. Voy a ir a esa graduación contigo, pero si te oigo referirte así de mí, voy a avergonzarte —tomé su camisa y lo acerqué a mí—. Eres el mejor amigo de mi hermanito y sé mucho de ti. ¿Te quedó claro?
—Sí, mi amor —solté un suspiró de frustración para ir sobre él y golpearlo, pero Mia tomó mi brazo y no avancé más.

Me sorprendía como la niña piernas de pollito tenía fuerza. Y pensé que la fortachona de la relación era yo.

Luego de una ceremonia de al menos tres horas, llegó la fiesta.

—¿Están seguras?
—Anda, Derek. Lo hablamos la otra vez, debes dejar las cosas en el pasado. ¿Qué mejor que disculparte? —pregunté mirándolo, entonces Mia tocó su hombro y sonrió. Mi hermano tomó aire y asintió.
—Está bien, hablaré con ella. ¿Harás lo que te pedí?
—Iré a salvarte —alargué asintiendo. Entonces mi hermano se dirigió hacia la pelirroja.

Miré a Mia y juntó las manos moviéndolas en el aire como diciendo «¡victoria!».

—De verdad que este chico es más inseguro para decir las cosas...
—Sí, lo sé...
—Yo no entiendo, es que ustedes me asustan, se parecen tanto y a la vez son tan distintos.
—Bueno, así son los hermanos. Él se parece a papá y yo a mamá —sonreí mirando mis uñas.

Divisé a mi hermano, la chica de la heladería estaba siendo detenida por un grandullón de cabello ondulado. La chica quería ir tras la pelirroja y mi hermano. La cosa es que no la veía feliz, y si le hacía algo a Derek, iría tras ella.

Minutos después, supe que era el momento de ir por él.

—Voy.
—Ve, salva a tu hermanito —rió mi amiga mientras yo caminaba hacia donde habían salido.
—Gracias, Ginger —suspiró mi hermano asintiendo.
—Oye, bobo, papá te llama —mencioné rodeando su hombro— quiere una foto familiar.

La chica me miró tratando de ubicarme, sabía que me había visto.

—Te presento a mi hermana mayor —rodó los ojos señalándome.
—Hola —saludé abrazándola, no podía evitar abrazar a las personas—. Perdona, soy muy confianzuda.
—Demasiado —dijo Derek y lo golpeé.
—Vamos de una vez, ha sido un gusto, Ginger. Pero si no vamos con mi papá, va a empezar a avergonzarnos con cada invitado de la fiesta —mentí. Papá estaba del otro lado de la fiesta maravillado por la cantidad de quesos que había en una sola mesa. Papá no conocía las fiestas de vino y queso.

Nota para el futuro: llevar a papá a una.

—Cómo sabes m...
—¡Me lo dijo Joseph! —hablé sabiendo que preguntaría cómo sabía su nombre, no le podía decir que mi hermano me hablaba de ella siempre. Entonces halando de mi Derek, nos alejamos de ella— ¿Y?
—Me perdonó y está todo bien.
—Me alegra mucho, ratón. Tengo algo que decirte —Mi hermano asintió mirándome expectante.
—Tenemos que llevar a papá a una fiesta de vinos y quesos —Y mi hermano me miró como diciendo «¿en serio?».
—¿En serio?
—¡Sí! Le va a encantar. Tal vez luego de ir a ver al abuelo en navidad.
—Pensé que ibas a dar alguno de tus discursos sobre lo importante de dejar el pasado atrás.

Sonreí mientras dejaba que mi cara se relajara hasta ponerme seria.

—No, ¿para qué? Si ya lo dejaste. Yo te estoy hablando de vinos y quesos, Derek. Pon atención.
—Rara —susurró y se metió a la fiesta.

Lo cierto es que luego de que Max me pidiera por favor cincuenta veces, hasta besé su mejilla y todos lo rodearon.

Lo peor de todo es que no era por mí, todo era porque yo era una universitaria, y hermana de su mejor amigo. El morbo, amigos.

—Ya que tu pareja de baile te ha abandonado, ¿puedo acompañarte? —preguntó Joseph, giré a verlo confundida y mi hermano me guiñó el ojo desde lejos.
—¿Te llamó?
—Dijo que necesitaba quitarte de encima para estar con Mia.
—Mi hermano no diría eso —reí mirándolo.
—Bueno, tal vez yo lo llamé preguntando cómo estaban porque estaba aburrido en casa.
—A Joseph le gusta Mae —alargué empujándolo con la cadera y toqué su nariz, el tomó mi dedo y sonrió de lado deteniéndome.
—Buenos días, señor —saludó a papá que se nos acercaba—. Noches...
—Niños, estoy encantado con esa mesa. Hay tanto queso que quiero llorar.
—Papá, ¿te importa si salgo con Joseph?
—Me importa, ¿dónde?
—No lo sé... ¿Puedes regresar con Max, Mia y Derek?
—Yo los llevo.
—Y deja de comer tanto queso que te va a hacer daño.
—¡Soy mayor que tú! ¡No puedes obligarme! —habló mientras caminaba hacia la mesa de nuevo.
—¿Y a dónde vamos? —preguntó mientras yo sacaba mi cámara.
—Solo... Fuera —hablé mientras le tomaba un par de fotos a mi mejor amiga y pareja.
—¿Qué haces?
—Les tomo fotos, Mia y yo decidimos que íbamos a captar todos los momentos que nos parecieran importantes desde hace ya unos días. Lamentablemente somos productivas en esto desde hace poco porque en los anteriores días solo hay fotos de nosotras frente a la televisión en ese maratón intenso de Disney y Star Wars que tuvimos.
—¿Y eso?
—Nos lo debíamos. Dijimos que en algún momentos haríamos una maraton Disney comiendo chatarra y tuvimos la oportunidad, así que no la desaprovechamos —Empezamos a caminar y guardé la cámara—. Qué formal tú, eh.
—Lo sé —sonrió cerrando los ojos y reí. Andaba en zapatillas, un jersey grueso debajo de una chaqueta y jeans.
—Entonces voy a cambiarme, lo que sea que vayamos a hacer, no voy a caminar con este vestido o me dará hipotermia.
—Pues vamos a tu casa —Se encogió de hombros y levantó la mano, tenía las llaves del auto de Zeke.
—Mi pregunta es, ¿Zeke si quiera se molesta en recordar que tiene un auto?
—Se la pasa estudiando o en el gimnasio últimamente, creo que si no lo llamo, no se acuerda que existo.
—Oh, te tiene en abandono —estiré el labio y él sonrió mientras el auto avanzaba.

Al llegar, me cambié rápido mientras Joseph tomaba un poco de chocolate caliente. Estaba haciendo mucho frío y empezaba a plantearme que tendría que facturar maletas por los abrigos que llevaría a Disney.

—¿Sabes? Creo que ya sé a dónde vamos —mencionó mientras yo bajaba las escaleras.
—¿A dónde?
—Picnic.
—¿A las diez de la noche?
—¿Por qué no?
—Estás loco.
—Entonces andando, conozco un lugar donde venden lo necesario para ir...
—¿Sí? ¿Y cómo lo llaman? ¿Supermercado? —bromeé mientras el lavaba su taza.
—Sí...
—Tengo una canasta y chocolate caliente.
—Genial, entonces andando, Muffin.

Y así fue como compramos un par de sandwiches, unas cosas más para comer, y nos pusimos en marcha a quién sabe donde.

Bueno, Joseph sabía.

—Aquí —sonrió estacionando el auto. Era un gran campo y solo se veía... Verde.
—Capi...
—¿Sí?
—¿Dónde estamos?
—En el gran campo.
—Sí, ya sé que es un gran campo, pero...
—No, así se llama.
—¿Eh?
—De verdad, si quieres busca en internet.
—No... Confío en ti —reí saliendo del auto. Al menos no olía a excremento de animal.
—Mae.
—Dime —hablé abriendo la puerta de atrás para sacar la canasta y Joseph la tomó.
—Esto no es una salida previamente coordinada.
—Lo sé, porque no fue previamente coordinada, creo que en realidad sería como una salida improvisadamente rara, aunque genial.
—No, es una cita.

Me quedé mirándolo por unos segundos y reaccioné gritando con lo brazos alzados mirando al cielo.

—¡¡Lo ha reconocido!! ¡¡Esto es obra divina!! ¡¡Gracias, Dios!!

Reí mientras él negaba con la cabeza sonriendo.

—Loca.

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Holi.

Esto es una nota de autor.

Bai ✌.

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