Se lavó el rostro una vez más, con tal de sentirse más fresco, puesto que después de cada práctica terminaba sudando demasiado por la falta de costumbre. Pasó más tiempo al frente del espejo de lo que frecuentaba, ya que se sentía extraño, pero estaba seguro de que no estaba enfermo, era algo así como si el ambiente de repente se hubiera puesto pesado o simplemente había un aura muy cargado en el lugar, cerca a él. Y tan sólo pasaron unos segundos cuando pudo ver reflejado en el espejo a una mujer de cabello castaño y expresión depresiva parada junto a él. La misma que días atrás había aparecido en su habitación y decía cosas sin sentido para Chan.
Se volteó inmediatamente a verla y ella se acercó con una máscara llena de tristeza y desesperación en su rostro.
— Debes ir al reino Seung. Debes buscar a mi hija. — demandó la desconocida como un ruego. — Por favor . . . No dejes que él se le acerque.
— ¿Qué? ¿Al reino Seung? — interrogó Bang confundido. — ¿Quién es usted?
— No fue un accidente . . . No pudo ser un accidente . . . Yo no debí dejarla. — manifestó la extraña con seguridad. — Fue venganza.
— Lo siento, pero no comprendo de qué habla. — admitió el menor aturdido. — No puedo ayudarla.
Y entonces en medio de su llanto, la mujer desapareció tan rápido que a sus ojos les costó asimilar que ella ya no estaba ahí. Chan sintió de repente su corazón oprimido por la pena de la mujer; en realidad quería ayudarla en lo que pudiera, pero no podía . . . no estaba a su alcance. Y además se preguntó el porqué Seungmin siempre tenía algo que ver con todo lo extraño que sucedía.
Salió del baño y de su habitación. Comenzó a caminar con dirección a la zona de entrenamiento en donde lo esperaba Mark, y decidió no contarle su reciente experiencia porque no lo consideró conveniente. Se acercó a él y éste lo miró con atención.
— Te ves más pálido de lo normal. — comentó el mayor extrañado. — ¿Todo bien?
— Aaah . . . Sí. — contestó no tan seguro. — Tenía una pregunta.
— Puedes decírmelo sin problema. — indicó Mark con simpleza.
— Me preguntaba si mi abuela se podía liberar sola.
— No creo que lo haga, puesto que sabe que puedes verla. Pero respondiendo a tu pregunta; cuando las almas ya no tienen pesares que lo aten al mundo de los vivos, entonces pueden irse libremente. — explicó tranquilamente. Observó la expresión pensativa del menor y añadió — ¿Tienes miedo de que te deje otra vez?
Chan pensó en la mujer de hace unos minutos. Alguien que vagaba en el mundo con tristeza, por alguien a quien amaba tanto como su Nana lo amaba a él. No quería eso para ella.
— Para ser sincero . . . Esperaba que ella se pueda liberar cuando quiera . . . — confesó consternado. — . . . Porque será muy difícil para mí dejarla ir voluntariamente.
De pronto Mark recordó el día que su madre dio su último suspiro frente a él, sosteniendo su mano cuando sólo tenía doce años.
— Sé que es difícil decir adiós. — admitió el mayor con empatía. — Debió ser horrible para ti no haber podido despedirte de ella cuando estaba viva.
El menor no pudo evitar derramar lágrimas en silencio, sin poder mirarlo por la pena.
— Y debió ser una gran sorpresa enterarte que podías verla, aunque ella ya no debería estar en éste mundo. Yo sé que sirvió como un consuelo . . . al que debes renunciar. — y entonces escuchó los primeros sollozos del rubio. — Perder a alguien es difícil, pero tú tienes la oportunidad de mandar a la mierda a la muerte y jamás liberar a tu Nana . . . Sin embargo, un líder conoce lo que es correcto, y es por eso que sé que al igual que yo, tú le darás el último adiós a tu . . . Madre, porque la amas y quieres que descanse en paz, ¿verdad?
ESTÁS LEYENDO
S T R A Y : 𝒌𝒊𝒏𝒈𝒔
Fanfiction«Renunciar a ser niños, renunciar a ser príncipes, y afrontar ser reyes a los veinte años no era fácil; y mucho menos si aún no resolvían sus problemas amorosos, ni protegían al mundo con sus poderes. La última y definitiva batalla se acercaba más r...
