Capítulo 3:

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Pero antes de que nada sucediera abrí los ojos al notar que alguien me tocaba. Era Keylan, intentando sacarme el tobogán que se me había caído encima y que no me dejaba salir. Pero por más que lo intentase no podía levantarlo, ya que pesaba demasiado.

Él comenzó a llorar, le caían lágrimas por las mejillas sin parar. Supongo que por no poder hacer nada y ver que no podría salvarme le mataba por dentro. Yo, en cambio, simplemente admiraba su rostro, olvidando la situación en la que me encontraba, y, suponiendo mi inminente muerte, me alegré de pasar mis últimos momentos a su lado.

Finalmente consiguió articular palabra:

– No puedo, - dijo él entre sollozos - no puedo con el peso del tobogán yo solo, ahora pido ayuda a alguien, en un momento vuelvo.

Antes de que se fuera le dije que no se alejase de mí, que ya sabía que era mi final y que todo el mundo habría huido y que él debería hacer lo mismo. Pero no quiso y fue a por ayuda, aunque le repetí que escapase antes de que fuese demasiado tarde. Le dije que si no lo hacía por sí mismo, lo hiciese por mí, pero ya no me escuchaba, estaba muy lejos, gritando ayuda en busca de supervivientes.

La espera se me hizo interminable, probablemente solo fueron cinco minutos, pero, en mi estado, el tiempo era totalmente subjetivo y cambiante.

Cuando por fin vi aparecer a Keylan en el horizonte, iba acompañado de otra persona, con pelo largo, el mismo que... ¡Iryna!

La había encontrado y la había traído para ayudarme. Los dos cogieron el tobogán por la base y lo intentaron levantar hacia arriba, pero no pudieron subirlo lo suficiente para yo poder arrastrarme y salir de allí. Pero después de varios intentos consiguieron levantar el tobogán unos centímetros que me bastaron para por fin salir de mi jaula.

Abracé a Iryna, para agradecerle, y también por el alivio de verla sana y salva, y agradecí a Keylan todo lo que había hecho por mí cuando yo ya había perdido toda esperanza.

Ya de pie, pude ver mejor el hotel, o lo que quedaba de él, porque por los fuertes terremotos, el viento y las avalanchas, había quedado totalmente destrozado:

El edificio donde se encontraban las habitaciones ahora no era más que una pila de escombros, la zona exterior, de los parques, jacuzzis y el bar, estaba inundado por el agua de las dos piscinas, y las palmeras del patio habían caído, aplastando todo lo que encontraban.

Era impactante ver como un sitio que llevabas conociendo desde hacía tanto tiempo se volvía tan irreconocible y no podía evitar pensar qué había sido de la gente que se hospedaba en aquel hotel, mis amigos y mi familia! Pero sobre todo qué había pasado, porque no parecía un simple terremoto o huracán, todo apuntaba a que las diferentes fuerzas de la naturaleza se habían unido contra una sola causa, se habían aliado para vengarse... ¡Para vengarse de nosotros!

Fuerzas de la NaturalezaWhere stories live. Discover now