Esa noche Jane no podía dormir. Finn había vuelto, siempre lo hacía, pero permanecía frente a la televisión como de costumbre, solo que está vez se sentía diferente.
— Voy a ir a ver —la voz de Gwen fué casi un susurro, como si sintiera que esa declaración hacía parecer que ella estaba tomando bandos.
Jane se removió en su cama tratando de dormir y luego haciendo un esfuerzo inútil de escuchar la conversación de sus hermanos.
Sin poder contenerse más se levantó de la cama y camino en pantuflas asomandose a la sala de estar donde se sorprendió al no encontrar a nadie en el sillón.
La puerta estaba abierta.
Escuchó los murmullos lejanos de sus hermanos y el leve olor a marihuana que significaba que Finn estaba fumando, otra vez. La cosa que más odiaba de Marcus ahora se había vuelto un hábito para su hermano menor.
Se acercó unos pasos sin atreverse a salir. No importaba cuántas veces intentaba hablar con Finn, ella siempre parecía arruinarlo, y regañarlo otra vez por fumar no haría las cosas más fáciles.
— Sabes que te apoyo, sea lo que sea... — la voz de Gwen volvió a escucharse con más claridad, dulce y cuidadosa como si su hermano fuera un volcán a punto de embulcionar.
Gwen cruzó el umbral de la puerta sorprendiendose al ver a su hermana levantada, pero sonriendo levemente, casi como si fuera el momento correcto.
— Deberías hablar con él. Tu podrías entenderlo mejor.
La menor siguió su camino a la habitación arrastrando el acolchado que la embolvia por el piso, mientras la mayor suspiraba con pesadez como si estuviera por meter la cabeza en la boca de un león.
Salió de la casa. Finn estaba apoyando en la pared mirando a lo lejos mientras exhalaba humo sin mirar a su hermana, pero sintiendo su presencia.
— ¿Me vas a dar un sermón?
Jane lo observó con cierta tristeza y culpa. ¿Cómo había dejado que su dulce hermano se sintiera tan solo y perdido?
— No, solo... quiero que sepas que cuentas conmigo —ella buscó su mirada, pero el continuo mirando del otro lado de la calle, como si recordara algo —. Sabes mejor que nadie que entiendo como te sientes.
Finn soltó una risa nasal falsa, desestimando sus palabras.
— ¿Lo sabés? —cuestionó mirándola de reojo — Porque has hecho un gran trabajo para fingir que nada sucedió. Bueno, casi, porque es muy evidente por qué sigues aquí.
Jane apretó la mandíbula. Enojo y vergüenza que se entrelazaban tratando de descubrir que responder a eso.
— No voy a enojarme contigo, no pienso pelear otra vez por lo mismo —la voz de Jane sonaba cansada — Mis decisiones, malas o buenas, son mías, y tú puedes pensar lo que quieras sobre ellas, pero al final yo tengo la última palabra.
— Puedo decir lo mismo.
— Lo sé, pero sigues siendo menor de edad y sigo lavando tu ropa, así que tanto papá como yo seguimos teniendo voz y voto —Jane hizo una pausa, repensando hacia donde quería que fuera está conversación — Pero ahora no hablo de la marihuana, ni de las peleas, eso ni siquiera importa, eso se borra. Hablo de tí y como pareces estar encerrandote en tu propia nube de soledad y tristeza en la que no dejas entrar a nadie.
Finn contrajo la mandíbula molesto, y volvió a dar un calada.
— Si necesitas hablar con alguien yo tengo dinero, podemos encontrar un terapeuta y...
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𝑇ℎ𝑒 𝐵𝑙𝑎𝑐𝑘 𝑃ℎ𝑜𝑛𝑒 𝐼 𝑎𝑛𝑑 𝐼𝐼
Fanfiction𝐸𝑛 𝑢𝑛 𝑝𝑢𝑒𝑏𝑙𝑜 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑛𝑖𝑛̃𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑠𝑎𝑝𝑎𝑟𝑒𝑐𝑒𝑛 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑠𝑒𝑟 𝑢𝑛𝑎 ℎ𝑒𝑟𝑚𝑎𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑦𝑜𝑟 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒𝑝𝑟𝑜𝑡𝑒𝑐𝑡𝑜𝑟𝑎 𝑒𝑠 𝑐𝑎𝑠𝑖 𝑚𝑜𝑟𝑡𝑎𝑙, 𝑝𝑒𝑟𝑜 𝐽𝑎𝑛𝑒 𝐵𝑙𝑎𝑘𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎́ �...
