– Por favor, quédate esta noche conmigo, es la última que estaremos aquí, el lunes viajo muy temprano a Londres voy a ver un nuevo hotel y regresaré días antes de la boda de Loren – me pidió parándose frente a mí con cara de gorrión herido.
– Pero Yoongi, ¿cómo me pides eso?, ¿qué quieres que le diga a Jimin?
– No sé, ármale una discusión y le dices que te dormirás en la otra habitación, por favor – suplicó no sólo con palabras sino también son su mirada.
– No sé Yoongi... me pones en un apuro.
– No es mayor al que tú me pones, ___, no vamos a vernos como en mes y medio, regálame esta noche, por favor – insistió tomando la punta de mis dedos.
– Mira, hagamos esto, subiré y cuando esté dormido me escapo, Jimin tiene el sueño muy pesado y seguro no se dará cuenta.
– Está bien – aceptó con una gran sonrisa mientras acariciaba mis dedos.
– Chicos me voy a dormir – anunció Julieta entrando a la cocina y separamos abruptamente las manos mientras la mirábamos asustados.
– Hasta mañana niña, que tengas dulces sueños – dijo Yoongi cariñosamente y yo lo miré seria y salí de la cocina después de despedirme de ella.
Jimin estaba sentado en el sillón cambiando de canal en canal. Julieta pasó, se despidió de él y subió. Yoongi salió de la cocina y se sentó en el otro sillón sin decir nada. Minutos después Jimin se levantó y le dio el mando de la televisión.
– Ya es tarde, vámonos a dormir, cariño – exclamó mirándome.
Yoongi me dio una mirada suplicante que Jimin no percibió porque estaba dándole la espalda y entonces recordé las misteriosas llamadas telefónicas.
– No tengo sueño, además, hay que lavar los platos, no sé pueden quedar sucios y no quiero andar con prisas mañana.
– Está bien, pero no tardes – se inclinó para darme un beso, pero agaché la cabeza y terminó por dármelo en la frente.
– Yoongi, ¿tú no vas a dormirte ya?
– Sí, pero primero tengo que sacar unas cosas del coche para entregarlo mañana.
– Bueno, hasta mañana – se despidió y subió las escaleras.
Yoongi se quedó sentado ahí y cuando se escuchó que Jimin cerró la puerta de la habitación, me sonrió y se acercó a mí.
– Gracias señorita limpieza – exclamó en tono de burla.
– Muy gracioso, acompáñame a la cocina, anda.
Me tomó de la cara y me plantó un beso en los labios, yo le recriminé con la mirada, él me tomó de la mano y entramos a la cocina. Me puse el delantal y comencé a lavar los platos mientras él se recargaba en el mueble, a mi lado.
– Cuéntame de ti – dijo metiendo sus manos a los bolsillos de su pantalón.
– ¿Qué quieres saber?
– Lo que quieras contarme...
– Está bien, pero... – tomé un fuerte suspiro, era una duda que tenía desde el primer día que lo conocí y que después de este fin de semana se había incrementado – ¿tú podrías primero contestarme una pregunta?
– Claro, pregúntame lo que quieras, las reglas ya no existen – me guiñó el ojo.
– ¿Por qué un chico como tú tiene un... pasatiempo tan... peculiar?
