El pelirrojo mordía sus nudillos con frustración. Disculparse no había servido de mucho, debía pensar en una mejor ❝estrategia❞. Phasma había dicho quemimarlo y acariciarlo era una buena idea, así que intentaría una de esas dos cosas para ver si realmente funcionaban.
Intento 1: Acariciarlo en la cabeza.
Armitage salía de su oficina, traía los nervios a flor de piel, nunca, nunca, nunca en su vida, le contaría a nadie más lo que estaba tratando de hacer, no sería una anécdota divertida, sino vergonzosa, ¡qué horror! El solo hecho de imaginarlo le causaba escalofríos.
Pero aquí estaba él, dispuesto a seguir los consejos al pie de la letra que Phasma le hubo otorgado.
Entró a la oficina de Ren. No estaba allí. Bueno, que más daba, lo esperaría.
Diez minutos fueron necesarios para que el caballero Ren hiciera su aparición, en cuánto hubo entrado, el hombre dejó escapar un ligero grito de asombro, no esperaba contar con la compañía del general.
—¿A qué vino? —se acercó muy lentamente al pelirrojo.
—No estamos trabajando, dime por mi nombre. ¿O debo hacerlo yo? —Hux parpadeó algo cohibido, pensando que aquella actitud era demasiado rebelde—. Te debo una disculpa, Ben.
El nombrado sintió un temblor en sus manos. Pero no dijo nada. El general Armitage poco a poco se acercaba a la silueta robusta de Ren, hasta estar casi completamente a escasos centímetros.
Y justo a esa cercanía, el pelirrojo extendió sus manos para poder quitarle la máscara.
—¿Qué cree que hace, general? —a decir verdad, aún seguía dolido por lo último, pero le gustaba ver que tan lejos podía llegar Hux con tal de que lo perdonara. Sería un espectáculo agradable y digno de ver—. ¿Por qué me toca? Quítese, grosero.
—Lo siento, Ben Solo —Armitage dejó un corto beso sobre la superficie de la máscara.
Suspiró algo entristecido y se alejó del hombre con el sable.