Capítulo 3 - Princesa Guerrera

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El tiempo paso, primero los días, luego las semanas, después los meses y, por último, los años, catorce para ser exactos.

Catorce años, catorce años en los que Hiccup vivía sin Elsa, el amor de su vida. Hiccup tuvo que criar solo a su hijo, Jack, quien sólo era un niño cuando su madre murió, Jack no recordaba a su madre, y en parte, la culpa no era suya, era muy pequeño cuando su madre murió y su padre, su padre casi no hablaba de ella, si Jack preguntaba Hiccup sólo cambiaba de tema.

A pesar de que el tiempo había pasado, Hiccup aún extrañaba a Elsa y evitaba hablar de ella o recordarla, pero le era inevitable; muchos dicen que el tiempo cura las heridas, pero en él el tiempo aún no había hecho efecto, recordaba la muerte de Elsa a cada instante, como si hubiera sido el día anterior, tal vez necesitaba mucho más tiempo o a alguna persona que le hiciera olvidar su sufrimiento, tal como Elsa olvidó el suyo por la muerte de sus padres cuando lo conoció a él.

Ahora, Jack, tenía diecisiete años, la misma edad que sus padres tenían cuando se conocieron y se enamoraron; era un chico tan encantador como de pequeño y además, divertido y travieso.

-¿Quién diría que eres hijo de mi hermana? -decía Anna de manera divertida-, ¡Eres completamente distinto a ella cuando tenía tu edad! En fin, se hace tarde, nos vemos luego, Hiccup -dijo ella dirigiéndose a su automóvil-.

-Es hora de irme, ya es muy tarde –dijo Jack, despidiéndose de su padre-, que tengas un buen día.

-Gracias, e igualmente hijo. ¡Nos vemos Anna!

Jack no paraba de mirar la hora en el auto de su tía, ya era muy tarde, casi no llegaba a la escuela.

-Llegamos -dijo Anna aparcando su auto, no bien hubo terminado de hacer esto, Jack salió de inmediato-, ¡Qué tengas un buen día! -dijo, pero Jack ya se encontraba lejos-.

-Adiós tía, y gracias -dijo Jack a lo lejos y comenzó a correr sin percatarse de que enfrente de él iba alguien caminando, hasta que hizo caer a la chica y él mismo cayó-.

- ¡Oye! ¡fíjate por donde vas! –dijo ella-.

-Lo siento –dijo él mientras la ayudaba a levantarse y al verla a los ojos quedo profundamente cautivado-.

-Gracias –dijo ella sacudiéndose el polvo-.

-De nada y en verdad, discúlpeme –dijo haciendo una reverencia-.

-Disculpa aceptada, pero ¿por qué haces eso? –pregunto ella refiriéndose a la reverencia-.

- ¿Qué?... ¡oh la reverencia! No lo sé, pensé que eras una princesa.

- ¿Yo, enserio? –dijo ella echándose a reír-, creo que te has golpeado bastante fuerte la cabeza, ¿yo, una princesa? Aunque por mis venas corriera sangre de la realeza no encajaría con los protocolos de la realeza... soy Merida ¿y tú?

-Jack, encantado en conocerte.

-El gusto es mío Jack.

-¿Yo una princesa? -dijo Merida aún riendo-, me identifico más con una guerrera que con una princesa.

Las palabras de la chica hacían eco en los oídos de Jack, parecían música, y él se encontraba perdido en su mirada. Era hermosa, sin duda lucía como una princesa.

-¿Puedo decirte princesa guerrera?

-Te he dicho que me llamo Merida, pero si, supongo que puedes llamarme así.

-Bueno, se me hace tarde para ir a la escuela, espero encontrarte algún otro día, princesa guerrera, hasta luego –dijo Jack, despidiéndose de ella y volviendo a correr-.

-Hasta pronto, Jack, y no tires a nadie más en el camino –dijo ella riendo-.

¿Lo ves papá? Te puedes volver a enamorarWhere stories live. Discover now