[0] Marzo: Cuando te encontré...

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Owen.
6:08pm.

"Los sueños se hacen realidad".

Precisamente solo una parte de mis sueños se hizo realidad, una porción tan minúscula que abordaría a la chica que tenía en frente.

Ahora sabía a qué se debía ese mal presentimiento, al verla sentí cosquillas en mi estómago, sabía que estaba muy nervioso. Pero ¿cómo no? Sí me encontré con la chica de mis atormentados sueños, la que me vuelve loco y obsesionó en algún momento hace dos meses.

Y Dios, en persona era más hermosa, su rubio cabello, de un tono dorado tan resplandeciente como lo era su esencia, sus labios de un rosa pálido que te provocaban besarlos, sus ojos azul cielo brillaban con confusión y sus lunares en su hombro hacían presencia en su pálida piel con esa camisa de tirantes gruesos. No quise bajar la vista más porque se notaría estando tan cerca que podía sentir su irregular respiración.

Mi hermana apareció interrumpiendo el extraño momento en que nos quedamos viendo y me hizo a un lado para abrazar a Ellie.

Joder, no podía ser sólo casualidad, cuando mi hermana me dijo su nombre me emocioné de inmediato, ¡ese nombre aparecía en mis sueños! Pero no sé el por qué, sin embargo logró llenarme de ilusión... Si en mis sueños aparecía ese nombre al mismo tiempo que ella, ¿no se llamaría así?

Por lógica, pero lo que no la tenía era el cómo lo sabía yo antes.

—Bueno, creo que ya se conocían por la expresión en sus rostros —dijo Fabián, el novio de mi hermana, palmeándome el hombro amistosamente. Le volví a ver, no podían ser familia, eran muy distintos y no compartían ningún rasgo familiar, pero claro, no es necesario ser iguales para ser familia.

—Yo no lo conozco, nunca lo había visto antes —replicó la chica de mis sueños con un tono cortante, sus ojos en una expresión fría y sus labios fruncidos.

—Tiene razón—aporté igual de cortante—La que había visto antes era más agradable con la boca cerrada.

Me lanzó una mirada asesina y se movió hacia su primo, pero este se fue donde estaba ella antes y tomó de la mano a mi hermana, ahora al que le tocó lanzar miradas asesinas fue a mi, de modo que el agarre de sus manos de deshizo. 

Tenía a la rubia fría a mi lado y mis manos empezaron a sudar, ella me veía de reojo mientras hacíamos fila para entrar al circo.

— Eres el chico del baño, ¿no es así? El que hizo sus  necesidades en el de las niñas —preguntó sin ninguna expresión en su bello rostro. Costernado frunci los labios.  Primero era odiosa y ahora como si nada me pregunta si ya nos habíamos visto en el baño de las chicas.

Aunque espera...

Ay joder, joder, joder.

— No recuerdo haber entrado al baño de las chicas alguna vez en mi vida —mentí sonrojandome y apartando la mirada. Ese día, el mismo en el que la conocí, yo entré al baño de las niñas a cagar porque el de los varones estaban tapados y apestaban, y mis necesidades biológicas no se pudieron resistir y entré al otro baño. Y si no mal recuerdo, sentí a alguien mientras pujaba, pero al levantar la vista no había nada y pensé que eran locuras mías.

Entonces ella fue la que me vio...

Vaya, y yo creí que en el ascensor era la primera vez que la había visto.

— Eh, entonces no eras tú, aunque te pareces en algo a lo que pude ver... No importa, ¿Cómo te llamas? Y... ¿Cómo sabías  mi nombre? — cuestionó con un acento inglés aunque hablaba con fluidez el castellano.

—Owen, Owen Zamora —sonreí de lado sin  poder ocultar el recuerdo de ella en mis sueños — Lo sé porque mi hermana me lo dijo.

La sorpresa y confusión invadieron su rostro, me vio como si hubiera a un fantasma y estuviera feliz de ello, sus mejillas se coloraron y  habló lentamente.
— Casualidad... ¿viste el accidente que pasó en Navidad del dos mil ocho  en el  parque del malecón?

Hice memoria, no recordaba...

Espera...

Me quedé mudo, ese trágico momento para varias familias, ese instante traumante, cuando estaba apunto de morir y por suerte seguía vivo...

"No quiero morir, ¡no quiero! ¡Quiero a mi mami! ..."

Sentí un poco de emoción y dolor por el recuerdo, la niña de mis sueños... la que dejaba caer...

—¡Ellie Sherwood! —grité ganandome las miradas de varias madres de familia y adolescentes—Pero cómo es... ¿Cómo te acuerdas?

— ¿Cómo te acordaste tú? —replicó viéndome a los ojos— Además que esa fue la razón por la cuál no vine a Nicaragua en seis años.

"Adiós mamita, adiós papito, adiós hermanita, los amo, por favor cuídense..."

El recuerdo de aquel miedo horrible que experimenté se me hizo presente y un nudo en la garganta se formó.

Había encontrado a esa linda niña de ojos tristes...

Me enamoré de una estrella fugaz.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora