Capítulo 7

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-¡¡Mierda!! –grite al chocar contra el hielo

-¡Otra vez! –Gustavo, mi fisioterapeuta –que te he dicho de medir tu fuerza al saltar Amelia, si sigues así no lograras el salto

-¡No me digas lo que ya se! ¡Coño!

-¡Hey! Esa boca! –dijo de reproche

De pie sacudí el pantalón, revise mis patines y patine has Gustavo.

-¿Por qué me miras como si hubiera hecho algo malo?

-Te desesperas a que las cosas salgan rápido, Amelia tienes que comprender que a pesar de que te recuperaste no puede volver todavía a las competencias.

Y eso es lo que más me asusta

-Entiendo tu preocupación Gustavo, pero quiero volver, sabes lo difícil que es para mí no poder competir-sentía algo de impotencia, estaba un poco molesta aun así me estaba derrumbando- y que mi carrera se haya acabado gracias a que alguien me tenía tanta envidia, tanto odio que casi me mata. A penas tenia catorce y una maldita perra no me dejo ni si quiera hacer mi presentación sénior. Me duele que nunca más pueda regresar.

-Lo se pequeña, lo sé solo me preocupa que te hagas más daño del que te han hecho a pesar de ser tu fisioterapeuta, te tomado cariño. –sonríe apapachándome.

-De acuerdo

-Intenta otra vez el Axel (salto en multimedia) –me separo de su abrazo y me preparo para el salto recorriendo la pista de un lado a otro, ya en la curva decido tomar un poco más fuerza para el impulso así que salto sintiendo la adrenalina correr por mis venas trato de esperar el golpe, pero no fue así, lo había logrado después de mucho tiempo había logrado el dichoso salto.

La emoción emanaba de mi cuerpo y no podía de estar más orgullosa de mi misma, tarde mucho tiempo en dominar los saltos básicos desde que había logrado ponerme de pie. Cuando supe que podía volver a patinar una llama de esperanza a ese sueño que no poseía hace mucho ya: recuerdo cuando no paso ni una semana que había regresado a casa luego del alta y trate a escondidas ir a pista de hielo, sin embargo mama y papa me regañaron incontables veces para que guardara reposo.

[...]

Nicolás dijo que hoy nos daría una sorpresa a todos en una cena que organizamos en la casa, estuvo toda la maldita semana organizando un estúpido almuerzo con Johanna, nuestra nana en la hacienda, a mí me huele a que ya cayó por alguna mujer o eso fue lo que escuche de los gemelos la otra noche, así que juntos nos dimos cuenta que nos iba a tocar las pelotas toda la semana hasta que hoy sábado esperábamos con ansias saber a quién carajos nos iba a presentar esta vez.

En casa teníamos una pequeña costumbre los gemelos y yo, que de cierto modo integramos a las gemelas cuando llegaron, Nicolás tenía la mala costumbre de escoger como "novias" malas mujeres que solo se quieren aprovechar de él, por lo tanto nosotros en nuestro deber como buenos hermanos le echamos una ayudadita corriendo a cuanta zorra se le pega; se sorprenderían saber cuan inocente es Nick respecto a mujeres ¡el idiota no sabe leer las señales!

En fin la cocina desprendía el glorioso olor de la comida que estaba preparando papa, mama y Johana terminaban de arreglar el comedor para el almuerzo en el patio, mientras tanto los dos pares de clones de la casa se divierten paseando un rato a caballo por el viñedo de la hacienda, y yo me encargaba de escoger un buen vino como me ordeno mi padre así que quien mejor que eso que Lorenzo, el esposo de Johanna quien era el capataz de la hacienda.

Camine hasta la cabaña que hace de oficina principal en el viñedo saludando a los trabajadores con una sonrisa y un gesto. Adentro el señor Lorenzo me recibe con una grata sonrisa dibujada debajo de su barba, un hombre de unos cuarenta y tantos que amaba a su esposa con mucho esmero y siempre nos dio una mano amiga.

-Supongo que hoy es un día especial jovencita o me ¿equivoco?

-Claro que no Lorenzo y ¿puedes adivinar qué tiene de especial este día? –Le pregunto –Tú y los revoltosos de tus hermanos van a arruinarle la cita a Nicolás como siempre cada vez que presenta a alguien en casa, los conozco como la palma de mi mano.

-Como supiste que Nicolás va a presentar a otra chica hoy?

-Porque cuando organizan esas comidas tu siempre vienes a buscar un buen vino para sorprender a la chica.

Vaya sí que me conocía de verdad

Amelia, un sueño más alla de limiteWhere stories live. Discover now