11. El jardín Senn

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Amanda estaba demasiado cansada, estaba empezando a pensar que todo le superaba y que quizás había sido una mala idea ir a Scanya. Se sentía muy desgraciada.

-¿Estas bien?- le preguntó una voz de mujer que hizo que Amanda se sobresaltara, ya que ella pensaba que no había nadie cerca.

Amanda levantó la cabeza y se encontró con unos grandes y preciosos ojos azules, era su madre, Myriam. Vestía con un largo vestido blanco, estaba preciosa con ese vestido puesto. No se esperaba verla tan de cerca. Amanda, desde que había llegado a Scanya, paseaba todas las tardes cerca de la hermandad Senn para poder ver a su madre aunque fuera en la distancia, pero ningún día había tenido suerte, hasta ese preciso momento. Amanda se quedó mirándola pero no sabía que decirle, se le pasaron todos los males en ese instante, estaba muy feliz y emocionada de ver a su madre.

- Eres... Amanda, ¿verdad?- preguntó Myriam y Amanda asintió con la cabeza-. ¿Puedo ayudarte en algo?

- Nadie puede ayudarme, pero gracias, de verdad.

- Bueno, puedes hablar conmigo, si quieres, quizás si pueda ayudarte...- dijo Myriam a la vez que se sentaba al lado de Amanda.

- Se han enfadado mis compañeros conmigo y no sé por qué...

Amanda le explicó lo que había ocurrido, sin mencionar el enfado exagerado de Axel. La cara de Myriam se ensombreció cuando Amanda mencionó a los lobos de colmillo. Se quedó callada un buen rato y Amanda pensó que quizás había metido la pata hablándole del tema, temía que Myriam reaccionara igual que los demás.

- Seguro que se les pasará...- dijo Myriam, a la vez que se levantaba y parecía dispuesta a irse.

- ¡Por favor, cuéntamelo!- le suplicó Amanda a la vez que se levantaba e iba tras Myriam-. No sé qué ocurre con esos animales, pero sé que pasa algo que nadie me ha dicho...

- Lo siento, no puedo decírtelo...

- ¿Por qué no puedes decírmelo?

- Yo no soy quien... no puedo, lo siento.

- ¿Tiene que ver con mis padres?- preguntó Amanda y Myriam asintió-. No hablo con ellos, no sé dónde están y seguro que no me van a contar nada... ¡Por favor, Myriam!

- Esta bien, pero lo que te voy a contar no te va a gustar...- le advirtió Myriam-. Imagino que sabrás lo que le ocurrió a mi hija...

- Algo me han contado...

- Estuvimos dos años buscando a Aria, no dejamos ni un solo día de buscarla. Hasta que un día, recibimos un vídeo que nos había enviado la Orden. En ese vídeo aparecía mi pequeña...- decía Myriam con voz entrecortada- ...estaba en un bosque, al lado de un rio. Estaba tan mayor y tan guapa. En esas imágenes unos lobos de colmillo de la Orden se abalanzaban sobre ella y caían al río, ella estaba tan asustada, no paraba de llorar. Buscamos con ayuda de las autoridades mágicas a Aria por ese río, pero solo pudimos encontrar sus restos. Lo poco que dejaron de ella esos animales. Mi hija murió aquel día en ese lugar, de la peor manera posible, tuvo una muerte horrible, mi pobre niña...

Amanda estaba horrorizada por las palabras que acababa de escuchar. Tenía una cicatriz en el brazo de aquel día, lo recordaba perfectamente. Lo que nadie sabía es que Haro impidió que los lobos la mataran, en cuanto la niña cayó al río, él utilizó su magia para sacarla del río sana y salva. Haro siempre la defendía, si no fuera por él, ella habría muerto a manos de Hesme hacía tiempo. Estaba segura de que todo había sido un plan ideado por Hesme, para hacer daño a sus padres. Les había hecho creer que había muerto de una forma tan horrible sólo para hacerlos sufrir durante tantos años. Amanda quería decirle a su madre que no había muerto de esa manera, deseaba acabar con su sufrimiento, pero no podía decirle nada porque corría el riesgo de que descubriera la verdad y que se activara la maldición.

Scanya, Academia de Artes Mágicas ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora