Extra (Segunda Parte)

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La salina brisa de una fresca madrugada en la playa acariciaba el rostro del joven omega que aún presenciaba aquella deteriorada fogata cuyo fuego apenas se mantenía. Las olas rompían de fondo, y todo parecía estar en tranquilidad.

Sin embargo, no todo lo estaba.

Gun lograba percibir rastros de una titilante preocupación que procuraba ser enterrada. Una preocupación inestable a la que, en vano, se trataba de ocultar. Ese sentimiento provenía de Alaska; Gun lo sentía pese a su escasa intensidad. Sentía ese pequeño miedo, esa leve incertidumbre que revoloteaba en su hermanastra mayor.

Porque así era él.

Él percibía cosas más allá de lo que el resto normalmente lograba captar. Gun detectaba sentimientos escondidos, deseos reprimidos, personalidades ocultas y hasta ciertas condiciones en omegas o alfas. Y todo porque era un ser altamente sensitivo.

—Hay algo que comenzó a preocuparte —señaló—, ¿Quieres hablar?

Alaska estaba echada sobre una manta que cubría una pequeña porción de arena. Miraba el estrellado cielo nocturno con sus manos enlazadas por debajo de la cabeza, mientras reflexionaba un poco sobre su vida al estar el ambiente tan calmado y silencioso.

Mike y San ya se habían marchado hacia la casa, por lo que sólo quedaron ellos dos, compartiendo la tranquilidad de una noche de verano en aquella playa privada de Malibú.

—Todavía no me creo que Jess y yo seremos mamás —dijo—. La odiosa está esperando un bebé mío, ¿Comprendes? ¡Tendré un bebé de Jess! —exclamó incrédula y se echó a reír. Gun sonrió y sacudió la cabeza con diversión—. Ay, ¿Quién lo diría? Tantos años odiándonos, llevándonos como perros y gatos, arrancándonos los pelos siempre que podíamos, y míranos ahora, esperando un bebé juntas. Ay, tan lindo todo. Pero se me hace tan irreal, hermano, tan... tan... Ay, no sé, me da unas tremendas cosquillitas en la pancita cada vez que lo pienso. Y tú sabes que me emociona el que ella esté embarazada. Claro que me emociona, pero luego, no lo sé, me pongo a pensar en... Bueno, tú sabes que yo amo llevar esta clase de vida, de tomarnos todo a la ligera... nuestras salidas... nuestras escapadas, nuestras travesuras... Siempre hemos sido tan unidos nosotros y, no sé, me da un poco de miedo que todo eso se acabe... de perderme de ustedes... bueno, de ti, Mike ya me da igual. A ese zopenco ya lo perdimos de hace rato por la culpa de Sanwan.

Gun, abrazado a sus piernas flexionadas a la altura de su pecho, dejó huir una ligera risa por el último comentario.

—Ay, tan tierna mi alfa favorita. Tan linda... Me das náuseas, Alaska, náuseas. Mira si te vas a preocupar por esa bobada. Las cosas van a cambiar naturalmente con la llegada de tu crío, pero te aseguro que pase lo que nos pase, siempre seguiremos encontrando la manera de hacer de las nuestras. No te preocupes, y tampoco seas tan dura con el mequetrefe de Mike. Yo, la verdad, prefiero que se quede leyéndole cuentitos a San en vez de tenerlo sufriendo con nosotros.

Alaska se deshizo en una carcajada.

—Me dices que no sea tan dura con Mike, pero tú eres igual con San. Está bien que ella no sea como nosotros, pero tampoco la trates de nenita chiquita. O sea, ya esta hecha toda una mujercita mi nena.

—Y bueno, si Mike me dijo que suele quedarse con ella hasta hacerla dormir. Yo me lo imagino leyéndole cuentitos, ¿Qué quieres que te diga? —dijo Gun, encogiéndose de hombros con cierta gracia en su sonrisa.

—Con lo grandecitos que están, yo creo que ya van por otro lado, cariño.

—No seas estúpida. Mike no se atrevería a tocarla.

Sūblîme Dōmînacîón ꕥ MewGūlf [Adąpt.]Where stories live. Discover now