Capítulo | 2 |

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Parpadeo continuamente sintiendo aquél pitido constante en mi cabeza. Era una estúpida, sólo a mi se me ocurría ocupar toda mi energía y poder para resucitar a alguien que ni siquiera conocía. Al menos había confirmado que controlaba otra estrella, lo cuál, no era para nada bueno. Retiré las sábanas amontonadas sobre mi, maldición, alguien quería matarme de calor.

Suspiré con frustración levantándome y caminando hacia la cocina. Tallé mi cabeza que seguía con ese molesto pitido que no paraba y que justo ahora me estaba comenzando a cansar. Me levanté de puntillas abriendo la alacena de arriba y sacando un pequeño empaque de aspirinas. Abrí el congelador y tomé un vaso vaciando un poco de jugo en él, tragando una aspirina.

El aire en la habitación cambió y el ambiente también, la presencia de alguien detrás de mi me hizo sobresaltarme al sentir uno de sus dedos en mi hombro. Levanté la mano estampando a quién sea que se hubiera atrevido a invadir mi hogar en la pared de la cocina, mi tranquilidad volvió cuando noté de quién se trataba.

—No esperaba un beso de buenos días pero... —Se encoge de hombros— ¿Podrías bajarme? Temo a las alturas.

Hice un ademán con las manos haciendo que su trasero callera. Me senté en el banquito de la mesa y lo miré con una ceja alzando esperando alguna reacción por su parte.

—¿Puedo preguntarte algo?

—¿No lo estás haciendo ya? —Contesté con sarcasmo.

—Ya.. ¿Siempre eres así de sarcástica?

—¿Algún problema?

Negó con la cabeza rápidamente balanceándose de un lado a otro, lo miré, aclaró su garganta tomando el asiento de aún lado.

—¿Eres una bruja?

Tardé aproximadamente 15 segundos en procesar sus palabras antes de atragantarme con una gran carcajada.

—¿Qué te hace pensar que soy una bruja?

—Bueno... nada, olvidado.

—Ajá.

—Uhm, ¿Si puedo preguntarte algo entonces? —Sonrió tratando de parecer amigable.

—No, tienes que irte.

No tenía tiempo para hacerme de un amigo humano, me habían encontrado y tenía que desaparecer.

—Bueno, aunque no quieras lo preguntaré... ¿Sabes que me pasó? Desperté en éste apartamento desorientado y luego de la nada te desplomaste en suelo diciendo algo parecido a «Bienvenido de nuevo». Pero antes de despertar tuve un sueño muy extraño —Frunce el ceño—. Soñé que moría ¿Puedes creerlo? Creo que tal vez sufrí de un golpe muy fuerte y por consecuencia una contusión que dio lugar a una alucinación y...

—Lo hiciste.

—¿Qué?

Juro que quería golpearlo.

—Moriste, y como la buena persona que soy te he traído de vuelta.

Se queda en silencio durante varios minutos, incluso se pone más pálido de la que ya es. Cierra los ojos recargando su cabeza en la mesa, no sé que hacer, si supiera borrar memorias todo sería más fácil. Pero si intento algo que no sé como hacer probablemente termine matándolo y lo último que quiero es hacer eso porque no me serviría de nada haberlo traído de regreso.

Alza la cabeza entrecerrando sus ojos color café claro en los míos, unos muy bonitos ojos a decir verdad. Arruga su nariz antes de pronunciar un largo y rotundo;

—Estás loca.

No espera una buena reacción pero ¿Estás loca? Oh, este chico me escucharía. Antes de que siquiera pueda pronunciar otra palabra se levanta de la mesa saliendo, no puedo evitarlo y salgo detrás de él, camina rápidamente hasta la puerta pero luego se detiene girándose para mirarme, frunce el ceño.

—¿Y mi camisa?

—En la basura.

—Ya veo... —Gira mirando a su alrededor hasta dar con algo, camina hasta el sofá y la toma—. Me llevaré esto, algún día la regresaré.

Dice tomando mi chaqueta negra que antes se encontraba ahí. Se gira mientras se la coloca y abre la puerta, sin evitarlo le grito deteniéndolo. Se gira poniendo su cara de cansancio.

—No estoy loca.

—Pruébalo.

Frunzo la nariz asintiendo.

—Sígueme.

Camino hasta llegar a la cocina con él pisando mis talones. Tomo el cuchillo del lava-vajillas y lo coloco bruscamente en la mesa, saco un par de hielos del congelador y los coloco igualmente en la mesa, tomo el trapo de la cocina, hago todo bajo su atenta y curiosa mirada.

—Si querías que me quedara a desayunar contigo solo lo hubieras pedido.

—¿Crees que te haré el desayuno? ¡Vaya! ¡Tú si que te superas a ti mismo!

Ríe, sin previo aviso o cuidado tomo el cuchillo dejándolo caer en mi dedo anular de mi mano izquierda. Suelto un grito estrangulado al sentir el inmenso dolor recorrer mi cuerpo, un gemido de dolor se me escapa y maldigo constantemente en voz baja, oh, Dios. Esto duele, si me hubiera detenido sólo por un segundo, un pequeño e insignificante segundo no lo hubiera hecho, por supuesto que no.

—¡Oh, maldición! ¡Duele, duele, duele!¡Duele mucho!

—¡Por supuesto que duele jodida loca!

—¡Cállate!

—¡Cállate tú!

—¡¿QUÉ HACES?! ¡SI LO PONES DE NUEVO NO SE PEGARÁ OTRA VEZ GENIO!

—¡PERDÓN POR INTENTAR PEGARLO DE NUEVO! —Grita histérico, cuando se da cuanta que aún trae el dedo en su mano lo suelta horrorizado en la mesa, saca su teléfono y marca con rapidez sobre éste— ¡¿Qué hago?! —Con el gran dolor arrebato el celular de sus manos sin inmutarme, lo evaluó con detenimiento, levanto una ceja hacia él.

—¿Estabas llamando a la ambulancia?

—¡Pues perdóname por intentar hacer algo!

Ruedo los ojos y con mucho dolor y un poco de esfuerzo me giro hacia el lavabo enjuagando mi dedo, o parte de él. Dejo que el agua caiga sobre mi dedo y mi mano, suelto un suspiro cuando el ardor disminuye, de hecho casi no pasa nada. Pero algo es algo, tomo el trapo y coloco los hielos dentro, envuelvo mi mano dentro del trapo y el refrescante frío del hielo invade mi mano, casi quiero gemir de placer ante ese delicioso momento.

—¡Oh, maldición! ¡Ese dedo se está moviendo! —Grita sin despegar su mirada de mi dedo cortado sobre la mesa.

—No seas exagerado.

—Me voy, tú estas completamente desquiciada.

No contesto, mi mirada baja a mi mano donde siento un intenso cosquilleo recorrer mi brazo por completo. Abro los ojos con sorpresa desenvolviendo mi mano del trapo que la cubría, al principio, poco a poco se va notando como el pequeño hueso blanco empieza a surgir, después las pequeñas articulaciones a su alrededor, la carne, la piel, las venas y al final la uña. Observo con asombro mi dedo, se regeneró. Sabía que lo haría, había sucedido cuando me había cortado por mero accidente mientras hacia el trágico intento por cocinar. Levanto la mirada hacia él que observa mi dedo con el mismo asombro que yo, una sonrisa egocéntrica se desliza por mi rostro.

Me mira e intenta tocarlo pero alejo mi mano rápidamente. El dolor cesó y no sentía nada más, era como si nada hubiera sucedido y eso era bueno y malo a la vez. Porque significa que mi poder se fortalecía más a cada segundo, y lo hacía mucho más rápido si lo usaba constantemente. Elevé una ceja esperando que pudiera mirarme y dejara de observar mi dedo fijamente como si esperara que se cayera en cualquier momento, me observó justo como lo estaba haciendo con mi precioso dedo, ladeó su cara sonriendo.

—No estás loca —Afirmó—, por lo menos no estarías loca tú sola, yo también lo estaría.

Sonreí como no lo hacía en mucho tiempo, extendió su mano de manera amable. La acepté con nerviosismo ¿Porqué estaba nerviosa? Ni siquiera lo sabía.

—Me llamo Shirley.

—Gracell.

Princesa Híbrida© | #1 |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora