Capítulo extra: Fausto

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Nota: La canción que está arriba sirvió de inspiración para este capítulo y también queda muy bien como música de fondo. Entonces, si gustan escucharlo, ahí se los dejo.

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Había una vez un misterioso ser. Nació de la Madre Naturaleza como un hijo y era un espíritu puro que vivía en los árboles, cuidándolos y ayudándolos a crecer. Era un ser libre de codicia, incapaz de odio y lleno de una cierta gracia que sólo un ente propio de la naturaleza tenía la fortuna de poseer. Sin embargo, las cosas empezaron a cambiar cuando, un día, aún en la juventud de su existencia, conoció a la humanidad.

Confundido, el ser de pronto se encontró con los pulmones de su Madre siendo trozados, su sangre siendo envenenada y su cuerpo invadido. El dolor que sintió el ser rápidamente se convirtió en ira, un sentimiento desconocido para él, y de inmediato supo que tenía que hacer algo.

"Están lastimándote y no parecen parar;"—dijo a su Madre—"tenemos que detenerlos", concluyó.

"No puedo; son seres libres, igual que tú."

"¡¿Cómo pueden tener la libertad de hacer esto?! Si continúan...van a destruirte. ¿Cómo se supone que viva con eso? Eres...eres mi hogar", expresó el ser, su enojo desvaneciendo para revelar la tristeza detrás.

Su Madre sonrió, aunque había una cierta melancolía en su expresión.

"Lo sé, pero soy su hogar también."

El ser no podía creer lo que estaba escuchando.

"No. No puede ser. ¿Por qué lastimarían a su propio hogar?"

Mirándolo con ternura, la Madre Naturaleza se acercó a él.

"Son seres muy diferentes a ti y muchos de ellos se han perdido en el camino. Tienen mucho que aprender; no los juzgues. Algún día, vas a conocer a alguien que te mostrará qué tan bellos pueden ser los humanos y verás que nada se puede definir tan fácil como en blanco y negro."

El ser lo dudaba.

"Además,"—continuó—"soy más fuerte de lo que crees. Siempre encontraré la forma de recuperarme."

Sus palabras provocaron rabia en el ser de nuevo.

"Eso no significa que esté bien que sigan hasta ver dónde está tu límite."

...

Pasaron los años y el ser se había propuesto observar a la humanidad. El resultado fue una inmensa confusión y descontento. Por más que trataba, no podía comprenderlos y, por consiguiente, no parecía ser capaz de generar un gusto por ellos. Aunque admitía que no todos eran tan malos. Énfasis en el tan.

Esta fue la opinión del ser durante años hasta que conoció a un niño.

Es una historia que probablemente ya conocen; en que el ser recibió su nombre, Fausto. Fue la primera vez que convivió con un humano y con cada día que pasaba junto al niño, Fausto llegó a admirar la curiosidad con la cual veía al mundo, la inocencia de sus acciones y la pureza de sus sentimientos. Se convirtió en un cariño tan bello y gentil que Fausto no podía recordar cuándo el niño llegó a ser tan importante para él.

¿Cuándo empezó a esperar con ansias su llegada? ¿Cuándo empezó a temer más y más sus despedidas? ¿Cuándo empezó a buscar excusas para abrazarlo? ¿Cuándo empezó a odiar a todo aquel que lo lastimaba? ¿Cuándo empezó a quererlo tanto?

El día de su primera pelea con el niño, cuando corrió de él, Fausto se sorprendió a sí mismo cuando trató de obstruir su camino, queriendo mantenerlo con él. Se sorprendió al día siguiente, cuando usó las hojas de los árboles para intentar de atraer al niño hacia él. Y se sorprendió, también, cuando llenó las manos de la persona que lo lastimaba con espinillas: la primera vez que hirió a un humano.

Se suponía que no era capaz de estas emociones. Era un ser puro, libre de codicia e incapaz de odio. Ahora no estaba seguro sobre eso ni creía saber qué significaba ser puro. Todos estos sentimientos eran demasiado extraños e intensos para él. Se sentía...humano.

Si sólo pudiera verlo el niño ahora; estaba igual de confundido que él.

Pero, como ya saben, Fausto no pudo hablar con él ese día; fue llevado por un adulto y ya no regresó a esa primaria. Lo único que pudo hacer fue usar las ramas de los árboles para recoger el libro olvidado del suelo.

La primera vez que vio un libro, Fausto no estaba muy feliz que usaran sus árboles para otra creación humana que no lograba entender. Mas, cuando el niño le mostró su cuento favorito y vio el brillo en sus ojos al leer, pensó que a lo mejor no era tan malo que utilizaran sus árboles para algo que creara tanta alegría.

Abrazó el libro y, lentamente, su alrededor comenzó a perder color. El niño sólo veía oscuridad en el territorio de Fausto, pero él podía ver los colores que los ojos del niño no eran capaces de percatar. Aunque ahora, todo se emblanquecía. Las hojas de los árboles a su alrededor comenzaron a caer, marchitándose al llegar al suelo. Grietas aparecieron a sus pies, las negras hendiduras contrastando con la pálida superficie, como cortadas sobre piel.

Cuando eres un ser sin el lujo de poder llorar, tienes que ser creativo para expresar tu tristeza.

...

Fausto pudo sentir las palabras que el niño susurró a las flores de loto noches después y supo ahí que no regresaría. Entonces, decidió algo inesperado.

"Madre, tú lo trajiste a mí, ¿verdad?" Preguntó primero, sabiendo que su Madre escucharía.

"...Sí", contestó.

Hubo silencio por un momento mientras Fausto miraba el libro en sus manos; contemplando su decisión.

"Muy bien. Entonces, ahora, llévame a él", pidió, solicitando algo más que sólo transporte.

"¿Estás seguro de lo que quieres? No será fácil."

"A lo mejor, pero tuviste razón, Madre: los humanos pueden ser muy bellos y nada está sólo en blanco y negro. Jamás me he sentido tan confundido pero seguro al mismo tiempo. Quiero estar a su lado, tal y como lo prometí. Quiero crecer con él. Quiero vivir con él."

Su Madre sonrió.

"Lo sé."

Cuando despertó tiempo después, ya no era un misterioso ser como antes, pero tampoco era completamente humano. Sin embargo, al ver la cara del niño cuando lo reconoció y sentir su abrazo, sabía que era quien debía de ser: era Fausto. 



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Espero que hayan disfrutado la historia. Por fortuna pude hacer este capítulo pronto y así concluir bien el cuento. 

Muchas gracias por leer las historias de Un Niño Fausto

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