๑•Capítulo Cinco•๑

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Recostado en su cama dio mil vueltas aquella mañana. Apenas había logrado pegar ojo en toda la noche. La excitación y la adrenalina que corrían por su cuerpo se lo habían impedido.

Se había habituado a que el vértigo fluyera por sus venas y encendiera su sangre hasta el punto incluso de quemarse con ella.

Era una sensación que lo acompañaba desde hacía tanto tiempo que no podía recordar cuándo había comenzado con exactitud. Tal vez todo había empezado aquella noche de verano cuando, por fin, se había decidido a dar el siguiente paso: el gran paso.

Esbozó una sonrisa de complacencia, y el sol que entraba a través de la ventana iluminó su rostro y le hizo parecer más perverso aún.

Recordaba el día que lo había visto por primera vez. Ese día nunca se lo podría quitar de la cabeza. Había sido para él como descubrir un mundo nuevo, un mundo que le había sido negado con crueldad. Era precioso; con su corta cabellera castaña peinado cuidadosamente y su andar deliciosamente elegante había logrado captar su atención desde el primer momento.

Adoraba escuchar su risa cuando pasaba por el pasillo de la universidad junto a sus amigos.

Se conformaba con eso, lo poco que obtenía de él había sido suficiente al comienzo. Lo admiraba, lo amaba en secreto, como si hacerlo fuese un pecado. Él ni siquiera lo miraba, jamás le había prestado atención; sin embargo, él sabía que el castaño le pertenecía. De un modo diferente, sagrado, le había sido asignado para convertirse en el amor de su vida. Era un dios de carne y hueso, tan cercano y al alcance de la mano, y al mismo tiempo, parecía pertenecer a otro mundo; un mundo donde él no tenía cabida, porque simplemente, él desconocía su existencia.

Había ensayado muchas veces encerrado en su cuarto la manera de acercarse a el castaño y hablarle de los sentimientos que despertaba en él, pero sus intenciones de hacerlo quedaban siempre en vanos intentos. Tenía miedo, miedo de hacer el ridículo ante él y de obtener solo su rechazo.

Prefirió seguir amándolo y admirándolo en secreto desde la oscuridad, un lugar en donde se sentía cómodo y a salvó.

Pero un día todo eso cambió. Supo que todo había cambiado cuando lo vio abrazado a uno de los jugadores del equipo de baloncesto de la universidad. Podía sentir cómo se le desgarraba el corazón en pedazos mientras lo veía sonreír entre los brazos del otro. Esa risa que debía estar destinada sólo para él y nadie más. Eran una de las parejas más populares de todo el campus y él debía ser testigo de cómo le estaba siendo arrebatado el hombre que había nacido para convertirse, un día, en su eterno compañero. Quería compartir el resto de la vida con el castaño, tenerlo a su lado, cuidarlo y amarlo como nadie más lo haría. Estaban hechos el uno para el otro y ningún deportista engreído detendría la rueda del destino que había comenzado a rodar el mismo instante en que sus caminos se cruzaron por primera vez.

Sintió rabia, celos, un anhelo incontrolable de apartarlo, no solo de quien se lo estaba robando, sino de todo el mundo también. Aborrecía que otro estuviera disfrutando con lo que le pertenecía solo a él.

Entonces decidió dar finalmente ese gran paso que una y mil veces había imaginado en su cabeza, noche tras noche, tumbado en su cama. Se había visto tantas veces hacer lo que sería la cosa más sencilla del mundo.

Era una noche calurosa y esperaba verlo salir de la biblioteca, como cada jueves, y observarlo bajar los ocho escalones que conducían a la calle con el garbo que lo caracterizaba. Había sido más fácil de lo que había pensado; iba solo y la parada de autobuses estaba desierta. Él seguía contemplándolo mientras el castaño hojeaba uno de los libros que sostenía en los brazos. Recordaba con exactitud lo que llevaba puesto.
Tenía un conjunto de algodón color baby blue, que le ajustaba a su cuerpo un poco tonificado. Si aspiraba con fuerza hasta podía percibir el aroma a gardenias que despedían sus cabellos. Parecía llevar su olor impregnado todavía, a pesar de haber pasado ya cuatro años desde aquella noche en que sus sueños se habían convertido finalmente en realidad.

Siempre Me Recordarás- MiniMoni Where stories live. Discover now