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Especial (La traición)
Hyejin sonrió únicamente para Mingyu cuando él se acercó a ella. Lo abrazo por el cuello y dejo un beso sobre sus labios; un beso profundo y duradero, donde ambos compartían sus respiraciones y pensamientos.
La pelinegra abrazo a su pareja con cariño luego de alejar sus bocas, respiró hondo el olor de su piel y cerró completamente los ojos. Se mantuvo así por unos segundos, llenándose del amor que Mingyu le brindaba.
Con sus manos dirigió su tacto hasta la nuca del más alto y acaricio la zona con sus dedos, estimulando los sentidos de su pareja pero a su vez, utilizándolo como un método para emprender su propio viaje de fantasía. Hyejin relambio sus labios con lentitud mientras dejaba que su mente la llevase de vuelta a aquel lugar donde verdaderamente era feliz y sin mucho que exigir permitió que las manos grandes y frías de Mingyu hicieran con su cuerpo de un arte. Permitió que la tocará, que controlará sus movimientos y que con tanta necesidad la complaciera por unos cortos instantes.
Hyejin soltó un gemido cuando de repente volvió a sentir a su pareja dentro de ella. Mordió sus labios teniendo la necesidad en su cuerpo de obtener más y, dejándose llevar por la pasión; Hyejin dejó que Mingyu le hiciera el amor mientras ella lo besaba y tocaba imaginándose así misma hacerlo entre otros brazos, rodeando con sus piernas la cintura desnuda de otro hombre y sintiendo el calor de dos cuerpos compartir un secreto.
La pelinegra no supo en qué momento, solo sintió qué cuando el placer la llenaba una y otra vez ella gemía besaba los labios de alguien que no era Mingyu. En su mente ella tenía un encuentro con alguien más que despertaba verdaderamente su pasión; alguien que desde hace mucho había soñado con sentir. Un hombre que no se comparaba en lo absoluto. Alguien a quien quería volverlo suyo y no devolverle esa libertad. Hyejin tenía sexo con Mingyu, su pareja, mientras que se imaginaba haciéndolo con otra persona, lo admitía. Pero no se sentía avergonzada, en realidad eso le resultaba más interesante y por supuesto; excitante.
Hyejin volvió a sonreír pero ésta vez con una complicidad en ella. Suspiró mientras abría los ojos, aún dentro de su fantasía, tomó el rostro de su compañía y en su pensamiento el hombre al que se entregaba dejaba de verse como Mingyu, para lenta pero maravillosamente a la vez convertirse en alguien más. Hyejin lo beso, lo beso con tanta pasión como nunca lo había hecho, lo sintió y deseo no soltarlo nunca, estaba enloqueciendo mientras que aquella mirada oscura le dictaba en el fondo que era suya.