Capítulo 7.

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Me había costado semanas superar mi primer reencuentro con Louis. Por lo tanto no podía siquiera expresar con palabras lo que sentía tras aquel segundo reencuentro. Y eso no era lo peor. Lo peor es que se había percatado de gran parte del asunto. Quiero decir, el estaba pidiendo por respuestas. ¿Qué más podía hacer a aquella altura?

Tomé una bocanada de aire cuando me encontré fuera del hotel donde Louis se estaba hospedando. Me exigió que fuera para así charlar con tranquilidad. Siendo franca, él prácticamente me amenazó. «Ni siquiera pienses en faltar. Sabes que no importa las veces que me evites, al final de día, nos vamos a volver a encontrar» y vaya que sí, él tenía razón. Siempre nos acabamos encontrando.

No pude evitar notar; aquel hotel era considerado como uno de los más caros de la ciudad. Me encogí en mi lugar, me sentía intimidada. Él vigilante desde su cabina alzaba la cabeza para observarme de vez en cuando. Seguro desconfiaba de mi presencia, y la verdad, es que yo le estaba dando razones para hacerlo.

Hacía quince minutos—literal—que me encontraba parada allí, en el exterior del edificio, sin efectuar movimiento alguno.

Tenía miedo de entrar. El discurso que había preparado la noche anterior para Louis, se me había borrado de la mente como por arte de magia. Estaba en blanco.

Quité mi celular del bolsillo trasero de mi jean, y una vez que lo tuve en mano teclee rápidamente el número de mi mejor amiga.

 —Sophie, necesito tu ayuda—exclamé, a penas atendió—No sé qué le voy a decir

 —Prueba con la verdad; siempre funciona—escuché el bostezo que soltó al otro lado de la línea. Rodee mis ojos.  

 —Como mejor amiga apestas—gruñí, y sin más corté la llamada.

 Increíble.  

 «Este es tu momento, Juliette. Tienes que hacerlo, ahora» me animé a mí misma.

Oculté mi nariz tras la bufanda que cubría mi cuello de aquel clima frío, y tormentoso. Sin más preámbulos, me adentré en el edificio. Esperé por el ascensor, y una vez que estuve dentro presioné el número de piso que Louis me había dejado garabateado en el pequeño papel. Mordí mi labio inferior cuando estuve frente a su suite, y armándome de valor, le di unos leves toques a la puerta.

Oh dios.

—Hey, estás aquí—indicó él, con una sonrisa de lado. Lentamente se apoyó contra el marco de la puerta.

Apenas pude asentir. Louis iba con el torso desnudo, vistiendo únicamente  un pantalón chándal. Su cabello se encontraba todo despeinado, como si recién se hubiera levantado de la siesta. Increíblemente sexy, de todas formas. Me dejó sin aliento.

Por supuesto que había visto hombres sin camiseta antes, pero nadie como él. Louis tenía algo que me volvía loca. Lo noté desde el primer momento. No sabía que era exactamente; pero estaba dispuesta a averiguarlo.

—Creo que tenemos unas cosas pendientes—dijo, tras unos incómodos segundos en completo silencio.

Enarque una ceja. Me imaginé muchas cosas, sin embargo, sabía a lo que él se refería. Se hizo a un lado para permitirme el paso. 

—Esto es…amplio—murmuré impresionada cuando observé el interior de la suite. Poco a poco me deshice de todo el abrigo que llevaba puesto, la temperatura del interior era unos cuantos grados más alta.

Era mucho más de lo que estaba acostumbrada. Comodidades de todo tipo, y lujos que solo una persona como Louis podía darse. Él solo asintió y sonrió de esa forma linda en la que el sonríe. Moví la cabeza de un lado al otro para deshacerme de aquellos pensamientos perturbadores.

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