17. MOMENTO INCÓMODO

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17.     MOMENTO INCÓMODO
Abbi

Vivir con un hombre del cual estuviste toda tu vida enamorada no es fácil, menos cuando suplicas porque te ponga la atención necesaria. Han pasado unos días desde la mudanza. De vez en cuando nos besamos en el sofá durante horas, pero jamás nos tocamos o llegamos a más. No entiendo por qué aún no damos el paso si los dos estamos muriendo por hacerlo.

¿Pena?

¿Miedo?

No lo sé exactamente. Sé que tenemos una conexión especial, una que nos hace fuertes cuando estamos juntos. Hay tensión en cada roce de piel, en cada mirada. También estoy segura de que me desea, lo veo cada mañana cuando me paseo por la casa con el nuevo pijama que me compré. Es pequeño y muestra una parte de mi culo. Un día él comentó que le gustaba la seda en una mujer, por lo que eso hice, me compré seda.

Me senté en el sillón con un vestido corto, observando a William. Él estaba entretenido con el televisor, viendo noticias. Clásico.

—¿Algo interesante? —pregunté viendo también el televisor.

—La verdad no. Otra pelea en el senado. Nada del otro mundo —apagó las noticias dando la vuelta para verme—. ¿Qué tal tu día?

—Ya estoy oficialmente en The Royal Academy. Último año.

—Eso es bueno, podemos ir juntos.

Sonreí. Eso era exactamente lo que quería, estar más tiempo juntos.

William se humedeció los labios recorriéndome con la mirada. Me deseaba, era palpable en su mirada. Me mordí el labio de la forma más seductora que pude, o al menos creía que era seductora. Había funcionado bastante cuando quería besar a alguien en Estados Unidos. Aun así, los americanos siempre fueron presas fáciles.

—¿Intentas seducirme? —preguntó regresando su mirada a mis ojos.

—¿Funcionó?

William me tendió la mano para que me sentara a horcajadas sobre él. El vestido se subió por completo revelando mis piernas. Era un vestido flojo por lo que no había problema de movilidad.

—Bésame —susurré, acercándome a sus labios.

—Quiero hacer más que besarte en estos momentos —¡santa mierda! Creo que voy a necesitar una cubeta de agua fría si no hacemos nada. Esto es demasiado.

—Soy tuya —respondí, bajando todos mis mecanismos de defensa.

La respiración de William se aceleró, marcando un ritmo excitante. Tomando mi cuello con fuerza me acercó a sus labios, besándome apasionadamente. Su lengua exploraba toda mi boca, no de una forma grotesca, más bien sensual.

Me acomodé mejor en su regazo, moviendo un poco las caderas para motivarlo. Había visto tantas escenas como estas en televisión y leído lo suficiente para saber qué estaba haciendo pese a que la única vez que me monté con alguien así fue hace dos años en una fiesta universitaria en la que casi pierdo la virginidad.

—¡Dios! —susurró William—. Tenemos que parar.

Ni loca. No iba a parar.

Tomé sus manos llevándolas a mis pechos, dándole la bandera blanca que estaba esperando. Como si fuera un despertar de su cordura, finalmente, logré seducirlo lo suficiente para que se emocionara con ellos. Tomó la parte de arriba del vestido sacando uno de mis pechos, su respiración cada vez era más pesada y acelerada.

TENÍAS QUE SER TÚDonde viven las historias. Descúbrelo ahora