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Los Seleccionados compartían un ameno desayuno en el comedor, complacían a su paladar intentando no pensar en la tensión que se hospedó en sus vidas desde que el ruido de los disparos quedó grabado en su sistema auditivo. Los murmullos de conversaciones que antes se escuchaban alrededor de la mesa ahora se habían transformado en leves sonrisas incómodas, miedosas de que su movimiento sutil y reconfortante haya sido la culpable de desconcentrarlo en no escuchar el inconfundible pisoteo destartalado de los rebeldes.

Aun cuando hubieran reforzado al doble la seguridad del palacio, los jóvenes se sentían inseguros, incluso palpaban su miedo y se intimidaban ante el más mínimo choque de tazas. La tensión también recaía en la reina, que en esas instancias ella estaba al mando en el reino de Holmes Chapel, ya que su marido respiraba y descansaba en la inconsciencia debido a los puñetazos sin piedad y sedientos de venganza que llovieron por su cuerpo y rostro; ella cada día portaba su corazón en la mano por las importantes obligaciones que requerían de una inteligente solución.

La reina Anne, aunque sus capacidades estratégicas fueron desarrolladas con mayor potencia en la Élite, esta vez no sabía de qué manera comandar o cómo aclarar firmemente sus ideas borrosas. Pero gracias a la amable ayuda de su hijo y que este quisiera relacionarse un poco más con el máximo cargo de ser rey y sentir las responsabilidades de las que luego se encargaría él, la mujer pudo librarse y velar por su marido.

La mayoría de los presentes terminaba su té y, disimuladamente, algunos miraban a Niall; el rubio siempre tenía plasmada una sonrisa en su rostro que contagiaba sin importar las circunstancias en las que se hallaban. Louis y Trenton adoptaron una pequeña alegría y sonrieron.

—Ey, hace mucho que no veía esa sonrisa —le comentó su amigo, Lord Rogers.

—¿Será porque Jeremy y Kyle me están amargando la vida? —murmuró sarcástico, pero al ver la expresión dura y enojada de Trenton quiso retractarse y mantener los problemas que circundaban en él ocultos. Reconocía que se comportaba como un pésimo amigo no siéndole sincero, pero tampoco quería comentárselo, no quería que su propio amigo pensara que buscaba atención o que era una persona falsa, no dejaría que su vida personal acabara con la primera amistad que mantenía con un chico.

—Esos malditos estúpidos, sabía que ellos...

Antes de que finalizara los vulgares insultos que con gusto escucharía y asentiría el castaño, Grace apareció en la entrada con una reverencia saludando educadamente a la familia real y los Seleccionados.

—Disculpen mi interrupción, Sus Majestades, pero traigo una buena noticia para los jóvenes: una llamada de sus seres queridos los espera en su habitación —sonrió.

Se oyeron chillidos de sorpresa y suspiros de melancolía. Sin embargo, Lord Tomlinson no hizo ni lo uno ni lo otro, sino que hubo una extrañeza desgarradora en su interior. ¿Una llamada? En las viviendas de los Sietes apenas había un televisor con un aspecto muy maltratado y polvoriento, habían cero posibilidades de que ellos pudieran tener entre sus manos un teléfono en buen estado y nuevo. De seguro Grace había omitido su inexistente llamada para no humillarlo más enfrente de los otros, le agradecía de cierto modo, pero una pregunta surgida en las tinieblas de la esperanza le hizo alzar su voz.

—¿Para mí también?

—¡Claro que sí! —respondió la mujer, mirándole—. Creo que la muchacha se llamaba Lila Gannaway, muy amorosa, por cierto.

—¿Lila? —Sus ojos brillaron como nunca antes y su sonrisa desaparecida regresó mucho más pronunciada. Louis estaba extremadamente feliz.

Miró a la reina, suplicándole si podía retirarse a lo que esta respondió con un asentimiento, invitando a los demás a que atendieran a sus ansiados familiares. El castaño subía rápidamente las escalares sin cuidado, no le importaba tropezar y caer al suelo, él solo tenía en mente el objetivo de contestar el teléfono y, por consiguiente, escuchar la melodiosa voz cantarina de Lila. ¡La extrañaba demasiado! ¡Cuántas semanas había estado sin ella, la necesitaba!

Príncipes [Larry Stylinson]Where stories live. Discover now