.Ocho.

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—¡Chicas ya vine!

Ambas pegamos un brinco al oír la voz de Sabrina y ver el rayo de luz que la puerta abierta introducía a la habitación. Nos separamos tan rápido que no pude ni procesar la información del todo bien. ¿Sabrina? ¿Ella que hacía aquí? ¿Eran ya las ocho de la noche?

—¿Por qué está tan oscuro?—preguntó y luego las luces me cegaron.

Parpadeé repetidas veces, atolondrada y desconcertada.

—Estábamos viendo una película—explicó Billie, quién de repente se encontraba muy lejos, a diferencia de cómo la había tenido antes.

¿Cuándo se alejó tan rápido?

—¿En serio? ¿Cuál?—preguntó Sabrina, tratando de ver hacía el televisor y de descifrar a qué filme pertenecían esas escenas.

—Infectados— dijo Billie.

—Helena, yo no sabía que eras masoquista—bromeó Sabrina y sólo entonces, cuando oí mi nombre, aterricé— Esa película es aterradora—musitó haciendo un mohín— ¿Por qué la rentaste?

—Porque no sé italiano, ¿te parece una buena excusa?—musité, medio atontada. Aun no sabía qué había ocurrido y por qué Sabrina estaba allí siendo las siete con treinta.

Ella soltó una risotada.

—Sabrina, amor. ¿Por qué llegaste temprano hoy?—preguntó Billie.

—Ah, hoy salí temprano—se encogió de hombros. Se puso en puntitas para besar los labios de su novia y me giré instantáneamente, de pronto más aterrorizada por esa escena que por el filme.

Oí el chasquido de sus labios al unirse y quise taparme los oídos o subirle todo el volumen a la TV con tal de que me fuera imposible captar ese tipo de sonidos.

La fierecilla apareció de pronto, atenta, molesta y enfurruñada. Se movía inquieta dentro de mí estómago y me rogaba que me levantara del sofá y me largara.

Miré por la colilla del ojo y pude verlas aun besándose. La fierecilla se removió y comenzó a rasguñar lastimosamente. Ahora era un sentimiento casi palpable, podía sentirlo con claridad dentro de mí, alguna especie de punzada cerca del corazón que hacía los latidos pesados, moribundos. Esto no debía de hacerme daño… pero me lo hacía.

Me levanté del sofá y quité la película del televisor. Hice ruido cuando el control del DVD se me cayó de la mano al presionar su botón con fuerza excesiva.

Pero al menos sirvió para que Billie y Sabrina se dejaran de pasar microbios y me miraran.

—Perdón—farfullé.

—¿No vas a terminar de verla?—preguntó Sabrina.

—No, recordé que tengo que arreglar mis cosas—dije, mientras ponía con movimientos torpes el DVD de nuevo en su lugar.

—Ay Helena, pero tú nunca arreglas tu habitación—me acusó.

—No me refiero a eso Sabrina—la miré—lo que quiero decir es que mañana saldré con Aaron y me llevaré la cámara—no sabía de dónde había salido la mentira, porque eso era, una mentira; Aaron y yo no teníamos planes de nada—Y por cierto, yo sí arreglo mi habitación, aunque no muy seguido.

Sabrina ignoró mi último comentario.

—¿Saldrás con Aaron de nuevo? Vaya, ¿cuántas veces ya son?—se emocionó y comenzó a especular.

—No las cuento, Sabrina—dije y me reí.

—¿Y a dónde irán? ¿De nuevo a tomar café?

Miré el rostro de Billie, a un lado del de su novia conjeturante y pude ver en él ese tipo de gesto que le producía cada vez que yo hablaba de Aaron. Aquello me alentó a seguir con la mentira.

Manual de lo Prohibido | Billie EilishWhere stories live. Discover now