Capítulo 5.

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No hizo falta que Scarlet abriera los ojos para estar despierta, el problema era que sus párpados pesaban demasiado y sentía todo su cuerpo entumecido, pero sabía que todas sus heridas estaban curadas, lo que no sabía era el tiempo que había transcurrido desde aquello, sabía que estaba en un lugar desconocido, no reconocía ninguno de los olores presentes y sobre todo el olor a lejía de las sábanas impregnaba su nariz demasiado.

Finalmente abrió los ojos, se encontraba en una habitación con paredes metalizadas y de contrachapado, tampoco llevaba su ropa, haba sido reemplazada por un horroroso camisón parecido al de los hospitales; todavía seguía con su trenza espigada, ahora con mechones sueltos por todas partes, estaba desastrosa. La vibración que sintió al posar sus pies en el suelo condujo a la teoría de que se encontraba en un aerodeslizador, reconocería ese tipo de vibraciones en cualquier lugar.

Examinó sus principales puntos dañados, estaban vendados, desperdicio de gasas, movió sus pies, la lesión del tobillo había quedado en el pasado, por un momento las heridas de las balas, de zafiro, la preocuparon, pero alguien las había extraído, un punto a favor. Inspeccionó la habitación desde el lugar; estaba sentada en una cama, con algún que otro bulto, en uno de los picos de la habitación; a su lado izquierdo había un pequeño velador de noche con una lamparita de metal, parecida más bien a un flexo, mientras que al derecho había otra cama idéntica, por último, al fondo de la habitación una cómoda de madera rancia. Abundaban instrumentos de medicina, un gotero, una silla de ruedas, estanterías con medicinas y gasas, pero ningún instrumento punzante a la vista. Centró la vista en el velador, había una bandeja con un cuenco de sopa y una cuchara.

Estaban locos si pensaban que comería eso, nunca se fiaba de comida extraña, aún más, de ningún extraño.

Inconscientemente llevó su mano al cuello para agarrar la bufanda, pero no la encontró, rebuscó por toda la cama para ver si se había caído por alguna parte al removerse tanto, pero no era así no había rastro de ella. Miro alrededor y entonces se la vió doblada perfectamente en el velador, junto a la sopa sospechosa. Había sido estúpida al no darse cuenta de que estaba allí desde un principio.

Se puso en pie con dificultad caminó hasta el pequeño espejo que había encima de la cómoda roída, se deshizo la trenza y su cabello cayó como una cascada dorada a la espalda, pero se alegró al ver la trencita en la parte derecha de su cabeza que se extendía al igual que su pelo, pero esta, era de un color carmesí auténtico. Recordaba la primera vez que su madre le había trenzado dicho mechón, le dijo que quedaría mejor y así era, además en lo bajo había dicho que con la trencita le recordaba a alguien querido, Scarlet entonces no lo entendió, ni ahora, diez años después lo llegaba a entender del todo.

A Scarlet no le gustaba mucho llevar el cabello suelto, se sentía más vulnerable.

Había crecido en un mundo donde por el simple hecho de ser mujer significaba sentirse infravalorada, no era justo, y al pasar por todo lo que habían visto, era mejor dejar su feminidad aparte, su madre nunca habría querido aquello. Conservaba un vago recuerdo de ella, fuertemente femenina y, aun así, ningún hombre atrevía enfrentarla cara a cara, pero ella no era como su madre, nunca lo sería.

Pasó los dedos por largos mechones dorados, su cabello había crecido mucho, no recordaba la última vez que fue cortado, solo tenía las puntas ligeramente chamuscadas. Pudo contemplar ligeros hematomas en su cara, casi desaparecían. Quiso tocar su reflejo, ahí, completamente sola, parecía lo que en verdad ocultaba al mundo, sola y rota que no lo pensaba dos veces antes de ponerse una máscara. Entonces pudo percibir unos pasos que se acercaban y tan rápido como pudo se volvió a la cama, simuló el sueño, escuchó la puerta abrirse del mismo modo que se cerraba. Alguien agarraba un taburete y lo arrastraba hasta ella, todos sus sentidos estaban alerta en aquel momento. Sin pensarlo se incorporó velozmente y agarró lo primero que sus manos alcanzaron, y con una llave inmovilizó.

Crónicas Elementales 1: Fuego Escarlata © [ACTUALMENTE REEDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora