VI

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26 de agosto, 2009.


(A la salida de clases)

Estaba en la parada de buses cuando, de repente, sentí que un brazo rodeó mis hombros.

Giré un poco mi cabeza para ver quién era.

¿Qué demonios? Era Noah, Noah White.

A lo lejos se escuchaba que murmuraban cosas sobre mí, pero no me importó, en lo absoluto. 

Le sonreí.

Me sonrió.

Tenía una sonrisa perfecta, sus dientes eran tan blancos como la leche.

—Y dime, ¿no te gustaría ir a comer conmigo? 

—¿Es una invitación? —Pregunté

—Ya sabes, me gustaría saber más de ti.

—¿A qué te refieres? —Me sentí como una tonta respondiendo siempre con una pregunta.

Elisa, Taylor y Nathali pasaron muy cerca de mí, rozando mi espalda y diciéndome muy bajo que soy un bicho.

—¿Pasa algo? —Me dijo, apartando la vista rápido de mí y dirigiéndola a ellas. 

—¡No! —Exclamé—. No pasa nada. Y sí, acepto ir a comer contigo —me apresuré a decir, sin ir más a cuento, quería irme rápido de aquel lugar. 

No sé por qué acepté tan rápido ir a comer con él, ahora me siento culpable, no sé nada de él y aún así no dudé ni un segundo en aceptar. Las circunstancias me arrojaron a Noah, ellas sabían que no tendría la valentía ni el coraje de hacerlo.

La vida a veces te empuja para que hagas las cosas. No sé si este golpe va a dolerme. No sé si Noah va a dolerme.


Llamé a mi mamá para avisar que no llegaría a comer.

Corté rápido.


Para mi sorpresa, él me llevó a uno de mis restaurantes de comida rápida favoritos.

Me dijo que también era su favorito. 

Creo que se dio cuenta de lo que me pasaba dentro de la escuela, me dijo que si algún día necesitaba ayuda, que no dudara en llamarle, así estuviese dormido.

—¿La escuela apesta, cierto? —Se echó una risa —Y bien, ¿cuéntame más de ti? ¿Qué te gusta hacer en tus tiempos libres?

Me quedé por un momento en silencio, porque que recuerde, no hago nada. Luego recordé que joderme la vida con mis pensamientos, pero no iba a responder con semejante respuesta. Lo iba a alejar de golpe.

—¡Me gusta pensar! 

—¡Oh!, eso se ve jodidamente cruel. —Dijo burlándose, como si supiese a lo que me refería. —Yo trato la manera posible de dejar de pensar. Somos polos opuestos, señorita.  


Joder, me miraba como nunca me habían visto en mi vida.

Será que él podría ser e̶l̶ ̶g̶r̶a̶n̶ ̶a̶m̶o̶r̶ ̶d̶e̶ ̶m̶i̶ ̶v̶i̶d̶a̶.

El Diario de AnnalisaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora