XVI

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8 de octubre, 2009. 


Las cicatrices de mis brazos ya no las puedo ocultar con maquillaje.

Mi cuerpo ya no está funcionando bien, mis clavículas comienzan a resaltarse en mi piel. Me siento cansada, mareada y a veces veo borroso.

A veces cuando hablo con Noah no logro entenderle, es como si me estuviese desconectando de este mundo.

No puedo callar más.

—Tengo que enseñarte esto. —Me levanté el jersey. Mis muñecas aún tenían un poco de sangre, de las que me he hecho hoy.

Se sorprendió y se levantó de la cama de golpe y se puso a ver a través de la ventana, luego me volteó a ver preocupado y se sentó de nuevo.

—¡Tú no! —Me dijo, no entendía a lo que refería— Tú no te puedes estar autolesionando. —Dime que es mentira! —Exclamó

—¿A qué te refieres?

—No te puedes estar haciendo daño, como... —se quedó en silencio

—¿Como...? —Interrumpí la oración

—Es que... hay cosas que no sabes aún de mí.

Se quitó la camisa y me enseñó unas cuantas cicatrices que tenía.

Me contó que él de pequeño tuvo que autolesionarse, y que ahora estaba metido en el mundo de las drogas.

Ya no me sentía sola entonces, pero no sabía cómo pedir ayuda.

—Y eso no es todo, también soy bulímica. —Comenzaron a salirme las más frías lágrimas jamás—. Es algo que no puedo controlar, siento una gran depresión siempre que acabo de comer. Me veo en el espejo y veo que todavía no se ha ido lo que quiero que se vaya de una vez. Soy una chica demasiado infeliz, y quiero que sepas que tú eres mi salvavidas. Nunca le he platicado a nadie sobre esto, ni siquiera a mi mamá, porque últimamente no está tanto tiempo en casa. Y si está, las cosas no van tan bien que digamos. Siento que ella también ha caído de nuevo en el mundo frío de la depresión.

—Vamos a salir de esta, te lo prometo. —Me sujetó fuerte la mano—. Soy un desastre al igual que tú, Annalisa. ¿Entonces qué haremos? No podemos quedarnos tirados toda la vida.

El Diario de AnnalisaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora