XV

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28 de septiembre, 2009. 


Hoy tengo mi primera cita, he quedado con Ross para que me ayude a comprar ropa. Nunca he tenido una cita, por lo tanto, no tengo ropa para esa ocasión.

(Por la noche)

Me he puesto un vestido negro que tiene estrellas, y también he comprado un jersey para cubrir mis cicatrices en las muñecas -no quiero que las vea-.

Alguien toca el timbre.

Es él.

Bajo por las escaleras.

Mi madre abre la puerta.

Él luce como... ¡joder! No sé cómo describirlo, luce como mi próxima cicatriz.

A mi madre le brillan los ojos cuando me ve y me sonríe.

Él se queda sin palabras. No sabe qué decir. ¿Acaso tengo algo especial esta noche? Ah, sí. Ropa bonita, los labios de carmín y la noche es nuestra.

Me regala una media sonrisa tímidamente, mientras me da la mano ayudándome a bajar.

—¿Nos vamos? —Recordé, pareció que el tiempo se le detuvo frente a mí


(En la cena)

Durante el camino no quiso decirme adónde me llevaría, simplemente condujo por mucho tiempo, hasta que llegamos al punto.

¡¿Qué?! Me trajo al lugar al que menos pensaba que me traería, estábamos en la cima de Filadelfia. Era demasiado precioso que no puedo ni siquiera describirlo, porque no tengo palabras para tal lugar. Las estrellas lo adornaban y había un camino de velas encendidas, y rosas. Muchas rosas.

Quería llorar porque nunca nadie había hecho eso por y para mí.

Noah, mi amado Noah. ¿Qué estás haciendo conmigo?

—No merezco tanto. —Dije

—No mereces tanto, tienes razón. Tú lo mereces todo. —Me acarició la mejilla con su cálida mano

¿Todo esto lo hizo él para mí?

Comenzaba a sentirme especial.

¿Qué es este sentimiento?

Supongo que es cuando alguien te toca las fibras más sensibles de ti.


Platicamos de muchas cosas,

nos reímos,

bebimos un poco de champagne francés,

bailamos ante la luna llena y la ciudad entera nos veía.

—¿Quieres que esta sea nuestra noche, quieres que este sea nuestro lugar, quieres que seamos algo más que amigos? Yo te amo, Annalisa Green. ¡TE AMO, ANNALISA! —Gritó convirtiéndose en eco.

Lo miré directo a los ojos sonriéndole, mientras llevaba mi mano a su rostro para acariciarlo y le dije:

—Quiero que esta sea nuestra noche, éste nuestro lugar y quiero que seamos algo más que amigo. Y te amo, Noah.

Y luego estuvimos a punto de hacer el amor, sentía que era el momento, pero desnudarme implicaba que viese mis cicatrices. 

No me importó. Estaba oscuro, no podían notarse. Además las maquillé.

Me dejé llevar por el momento, él me tomó de la cintura, nos quitamos prenda por prenda. 

Me besó la espalda y descubrió cada uno de mis lunares. 

Y lo hicimos.


(Tiempo después)

Al final me dio un beso y me dijo:

Esto es para siempre.


El Diario de AnnalisaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora