Capítulo Décimo Octavo (narrado por Val)

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-Me besó.-le comenté aquella mañana a Marina. El día anterior había salido con Luisa, y a la vuelta, cuando llegamos a su casa; me besó. Sus labios eran suaves como la seda, y al besarlos pude notar que la chica de mis sueños no había besado a nadie antes que a mí. Por ende, había tenido cuidado: no quería pasarme con ella. Había sido un beso simple, nada de lengua, pero tampoco había sido un pico propio de niños de diez años.

  -¿Quién te besó?
  -Pues, Luisa me besó.

  Marina soltó uno de los libros que se disponía a guardar en su casillero, el cual se cayó.
  
    -¿Luisa, la chica más tímida del universo? ¿Luisa, la chica rubia que a todo el mundo le atrae físicamente pero nadie se anima a admitirlo? ¿Luisa, la chica de la que estás locamente enamorado?- me preguntó, atónita, con los ojos bien abiertos.

   Asentí.

    -Sí, esa Luisa me besó.

   Marina recogió su libro, lo guardó con el resto de sus materiales y me preguntó, apoyada sobre su taquilla:

    -Pero, ¿ella te besó o tú la besaste?

    Fruncí los labios, sintiéndome estúpido mientras le respondía:

    -No, de hecho, fue ella la que me besó.

    Marina cerró su taquilla de un golpe que me hizo sobresaltar.

    -¡¿Me estás jodiendo?! Acabas de perder tus testículos sin siquiera ser castrado.
    -¿Qué mierda dices?

   Mi amiga bufó y se cruzó de brazos.

    -Se supone que el chico es el que tiene que besar a la chica y no al revés. Además, tú te has pasado toda tu puta vida besando a la primera chica que se cruzara por tu camino, y, cuando al fin logras sentir algo de verdad por una, eres tan marica como para no animarte  a hacerlo. Como si no le hubieras metido la lengua a unas cuantas ya.

  Sentí cómo la ira inundaba cada rincón de mi cuerpo.

   «Contrólate, Val. No le hagas caso, no vale la pena pelearse por semejante estupidez.» pensé y cerré los ojos por un instante.

   Cuando los abrí, Marina volvió con su interrogatorio:

    -¿Han tenido la "maravillosa" charla?
 
   La miré frunciendo el ceño, sin saber de qué cominos me hablaba.

   -Joder, me refiero a si han hablado de qué va a pasar entre ustedes después de haberse besado. Es la típica charla donde la chica pregunta:- aquí me hizo un gesto con la mano, para imitar a una chica engreída- «¿Adónde se dirige esta relación?»

   Me reí y le dije que no con la cabeza.

  -Oh, Dios. Menos mal que no lo has hecho, porque si yo no te preparo antes tú eres capaz de responderle cualquier cosa a la chica.-comentó, aliviada.

  -¿Qué quieres decir con eso?-pregunté, ofendido.- No soy tan bestia, a pesar de que me he mandado algunas macanas.

Marina se echó a reír.

   -¿Por algunas macanas te refieres a decirle a una chica: «tú no eres mi tipo, simplemente te besé porque estabas buena»?-bromeó.
   -Vale, esa vez la fastidié, lo admito, pero eso no quiere decir que sea siempre un bruto.-me defendí.
   -Como digas, Val. La cuestión es, ¿cuáles son tus intenciones con ella? ¿La miras y te imaginas un futuro a su lado?

  No tuve ni que pensar mi respuesta.

   -Pues claro que me imagino un futuro junto a ella. Ella es la persona más hermosa que he visto en toda mi existencia, y lo único que he anhelado desde que la conocí es poder tomar su mano mientras caminamos por el parque, observar cómo duerme, poder besar sus labios, los cuales son como el paraíso. Me imagino que será mía y solamente mía. Y voy a hacer todo lo posible para que eso se vuelva realidad.

  Marina me miró con ternura.

   -Al fin has pronunciado las palabras que yo quería escuchar.-me confesó.-Pero ahora debes decirle exactamente lo mismo a tu futura pareja.

  Iba a decir algo al respecto, cuando de repente vi que Luisa se acercaba hacia nosotros, junto a Mauricio, uno de mis mejores amigos.

  -Hola.-saludaron los dos al unísono.
  -Hola.-respondimos Marina y yo.

Nos quedamos en silencio. Mis manos sudaban de lo nervioso que estaba. ¿Qué le podía decir a Luisa? ¿«Gracias por el beso»? ¿«Besas bien»? ¿«Te amo»? ¿«Quieres casarte conmigo»?

No, todo eso sonaba estúpido.

Marina rompió el hielo:

  -Oye, Mauri, ¿no me habías pedido ayuda con esos deberes de matemáticas?

  Mauricio pareció desconcertado, como si no tuviese ni puta idea de lo que le estaban hablando.

   -¿Deberes...de...matemáticas?-preguntó, con una expresión de temor al darse cuenta de que se había olvidado de hacer sus deberes.

  Mi astuta mejor amiga asintió y, con Mauricio caminándole detrás de los talones, se dirigió a la pequeña biblioteca de nuestro instituto, dejándonos así solos a Luisa y a mí.

  Un silencio incómodo se impuso entre ambos. Había llegado el maldito momento de finalmente aclarar las cosas, y yo me quedaba en blanco, sin saber qué decir.

  «Estúpido» me dije. «Siempre jugaste con el corazón de las chicas que no te importaban, ¿ahora vas a jugar con el de la chica que amas?»

   -Luisa...
   -¿Sí?
   -¿Todo está bien entre nosotros?-pregunté, con timidez.

  «¿Todo está bien entre nosotros? ¿No se te ocurre nada mejor?» me dije, irritado conmigo mismo. No era más idiota porque no me daba el tiempo.

   Luisa se puso seria de repente. Suspiró y, tras unos minutos de pausa, me respondió:

   -No lo sé, Val. Sinceramente, no sé qué mierda pasa por tu cabeza, y discúlpame por la expresión; pero, ¿por qué no lo decides tú? Te he besado y me has devuelto el beso. Ahora decide tú qué hacer. Si voy a ser otra de las chicas a las que dejas tiradas luego de aprovecharte de ellas o voy a ser algo más.-Apenas terminó de pronunciar estas palabras se dio media vuelta para irse.

   Pero yo fui más rápido y la tomé del brazo, impidiendo  así que se marche.

   -Mira, te quiero. Te quiero mucho más de lo que se puede querer a alguien. Sé que he sido un idiota todo este tiempo por no haber tomado la iniciativa, pero quiero que me perdones. Porque no podría vivir sabiendo que esta hermosa chica rubia nunca será mía. Así que, ¿te gustaría salir conmigo, Chica Mala?-le dije.

   Luisa esbozó una amplia sonrisa.

   -Sí, Chico Del Skate.-respondió, asintiendo.

  

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