Capítulo 1

9.4K 557 21
                                    

Iba a llegar tarde, y Forest me mataría.

Recogí mi cabello en una cola desordenada y me coloqué mis zapatos. Odiaba los tacones, pero mi jefe los amaba, y por ende, también los exigía. Lo hubiese mandado a la mierda si no fuera porque pagaba bien, al menos lo suficientemente bien como para poder pagar mi renta y gastos. Y tal vez si lograba un ascenso, mi propio auto. Estaba emocionada, hace cinco meses había alquilado mi propio lugar; estaba cansada de vivir con mi padre, quería algo para mí, en donde pudiera llegar del trabajo y descansar, sentarme en el sofá mientras veía televisión tranquilamente.

Mi casa no era muy grande, sólo tenía una habitación, un baño, una sala de estar y una cocina, pero era algo mío, y me encantaba.

Apliqué sólo un poco de maquillaje, nada excesivo. Mi trabajo consistía en traducir conversaciones de ejecutivos y empresarios en juntas ejecutivas, sabía hablar italiano, mi madre había sido italiana y me había enseñado el idioma. El trabajo no era desagradable, pero si un poco aburrido, esperaba que mi jefe me enviara a traducir libros, era un trabajo más cómodo y relajado, sin contar lo buena que era la paga.

Casi corrí desde mi habitación a la cocina y tomé un poco de café que había preparado previamente, podía llegar tarde, pero no dejaría de tomar mi café solo porque mi molesto jefe lo quería. No tenía adicciones en mi vida, pero podía decir que era adicta a la cafeína desde comencé a esperar a mi padre por las noches cuando vivía junto a él después de la muerte de mi madre.

Sí, era irónico, se suponía que era al revés. Siempre había escuchado a mi mejor amiga quejarse de que sus padres la esperaban hasta muy tarde cuando llegaba de alguna fiesta, pero yo había tenido que vivir la experiencia desde el otro lado. Antes no podía dormir cuando mi padre estaba en la calle, pensaba que algo malo le ocurría. Hasta que me di cuenta de que no podía dejar de vivir mi vida, para cuidar la suya.

Aunque me di cuenta de eso demasiado tarde.

Cuando terminé de arreglarme tomé mi bolso y llaves, el cielo estaba despejado y hacía un bonito día. No sabía como iba a explicarle a Forest que no era mi culpa haber llegado tarde al trabajo. Mi padre me había llamado en medio de la noche para que lo sacara de prisión, había pagado su fianza y lo había llevado a casa. Él no me había explicado porque la policía lo había atrapado, pero seguramente era lo de siempre: peleas en algún bar. Ni siquiera el mudarme hacía que dejara de llamarme cuando necesitaba ayuda, apestaba como padre.

Salí de casa y cerré la puerta detrás de mi. Comencé a caminar rápidamente hasta la calle, si tenía suerte encontraría un taxi que me llevara volando al trabajo. Eran costosos y molestos, pero no tenía otra opción. Mayormente me iba en autobús o metro, y llegaba a tiempo a casa, pero la parada más cercana estaba a tres cuadras de aquí, muy lejos para mi hoy.

Pero entonces los vi, y me detuve de golpe. Había dos hombres de pie apoyados en su camioneta negra, vestían de negro, y su mirada estaba fija en mi, sería y penetrante. Supe de inmediato de quienes se trataban, solo podían ser los hombres de Dominic, nadie más se detendría frente a mi puerta de esa forma.

Con un brillo de esperanza caminé hacia el otro lado, esperando que la suerte me acompañara y ellos me dejaran en paz. Aunque no estaba muy segura de eso. Efectivamente, apenas di dos pasos ellos ya me estaban interceptando, eran gigantes, y daban terror. Había un moreno que se parecía mucho a Samuel Jackson, y otro rubio que parecía divertirse con mi sufrimiento. Malditos hombres, debí haber sido lesbiana y feminista.

Me hice a un lado para esquivarlos, pero ellos fueron más rápidos. En menos de un segundo ya los tenía de pie frente a mi, ocultándome la vista de nada que no fueran sus enormes cuerpos. Si me los hubiese encontrado de noche por algún callejón, estaba segura de que me hubiera hecho pis en mis pantalones de miedo.

Dulce ChantajeWhere stories live. Discover now