CAPITULO 44 EL MERCADER DE ARGOH

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PERSPECTIVA: Rozuel Drayt


Me hallaba esposado en brazos y piernas ante un inmenso tribunal a oscuras, una intensa luz se ilumina sobre mí y también sobre una gran mesa gestionada por cinco jueces con vestimentas religiosas cuya cara lo cubría una capucha.


—Rozuel Drayt, se te acusa de empuñar en tus manos peligrosas armas procedente de otro mundo –Hablo uno de ellos.


—Es más que obvio la razón del por qué son de otro mundo –Argumente en mi defensa.


—Estamos al tanto de su condición como reencarnado de otro mundo, pero eso no quita el hecho de sus crimines –Agrega un segundo.


—Estas armas carentes de magia y con un potencial inimaginable, de solo expandirse en manos erróneas su distribución generaría un equilibrio incontrolable, caos y desorden por doquier –Opina el tercer juez.


—Por lo tanto estos artefactos denominados "Armas de Fuego" deben ser de manera obligatoria para el dominio de las autoridades del reino, ¡tú castigo será brindar este conocimiento para el bien del reino, sus majestades y su futuro! –Declaro el cuarto.


—Están loco si creen que les voy a dar acceso a más armas de fuego, en lo que a mi respeta, ustedes y su reino no son diferente a cualquier tirano o gobernante con locura de poder, me señalan como el causante de promover caos y desorden, pero son ustedes los hipócrita la que lo causaran al final en el momento en que hagan con mis creaciones, ustedes son como niños poniendo sus manitas en ellas, agitándolas como sonajas y usándolas para apilar montañas de cadáveres con la excusa de "fue sin querer", todos me dan asco, cada uno de ustedes.


— ¡Silencio! –Exclamo el quinto juez —Tu insolencia es en vano, pues tenemos métodos para privarte de tu voluntad y seguir el mandato de esta sentencia, por el bien del reino.


Los cincos hacen sonar al mismo tiempo sus mazos de madera sobre la mesa en que dictaban sus palabras y a mi derecha en medio de la oscuridad, un tétrico hombre obeso cuya forma de vestir recordaba a los clásicos verdugo, se acerca a mí riéndose maléficamente, llevando en su mano derecha un puntiagudo pedazo de cristal azulado mágico que emitía un constante latido.


El horrible hombre me toma del cuello con una mano y con la otra clava ese fragmento sobre mi hombro derecho, una cantidad incontable de volteos sacude mi cuerpo, un dolor de intenso grado se manifiesta en cada parte de mí ser, sentía como si la sangre me hirviera y cada célula me acuchillara por dentro.


—Con esto, tu voluntad se perderá para siempre, Rozuel Drayt ha dejado de existir y en su lugar un esclavo al servicio de este reino nacerá –Dice el primer juez.


— ¡Miserable... los matare... los voy matar... A CADA UNO! –Gritaba furioso deseándoles la peor de las miserias.


—No lo harás, ya nunca lo harás, porque nunca lo sabrás.


Pierdo mi mente, mis sueños, mi identidad, mi destino y mi libertad, mis sentimientos son privados y lo único que veo, es una leve imagen de mí mismo, con harapos sucios y ojos muertos, creando sin fin en un taller oscuro y mugriento más armas para obesos nobles funcionarios de este reino y sus arrogantes gobernantes.

Metalord RevolutionWhere stories live. Discover now