9. Llamadas

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Capítulo 9: Llamadas

Un sonido molesto me obliga a abrir los ojos. Siento los brazos de Ashton alrededor de mi cuerpo desnudo y su respiración en mi cuello. Estoy muy cómoda, pero ese sonido me molesta demasiado y parece que a Ashton también porque escucho un quejido. Ni siquiera es de día, la luz nos habría dado en la cara de ser así. El reloj da las cuatro de la mañana y voy a matar a quien sea que esté llamando a esta hora.

Busco en la mesita mi móvil a ciegas, porque no hay luz y no quiero abrir los ojos todavía.

-En el suelo -murmura apartando sus brazos de mi cuerpo y girando hacia el otro lado.

¿Cómo demonios siempre recuerda dónde dejo las cosas?

-Ya voy -respondo cubriéndome con una bata y cayendo al suelo de rodillas. Sí, al despertar no soy muy eficiente. Tanteo el piso en busca del aparato que sigue sonando. Apenas puedo mantener mis ojos abiertos por el sueño.

-¿Estás bien?

-¡Sí!

Continúo buscando y lo encuentro cerca de los pies de la cama. Bufo tomándolo y deja de sonar. Maldición. ¿Por qué siempre que encuentro mi móvil cuelgan la llamada?

Veo el registro de llamadas, no está agendado. Creí que podía ser alguna de las chicas, pero no. De algo me suena ese número, es muy temprano para que pueda recordarlo.

Vuelve a sonar en mis manos y resoplo antes de atender.

-¿Aló? -susurro en voz baja. No quiero que Ashton despierte y tampoco es como si fuera a hablar a los gritos.

-Aló a ti, preciosa -La voz del otro lado es de hombre, suena algo arrastrada y ronca. Está ebrio.

-¿Quién habla?

Me pongo en pie y salgo de la habitación para poder hablar con más fluidez y no molestar el sueño de Ashton.

-¿Ya no recuerdas... mi nombre después... de tantos años? -inquiere y puedo jurar que está sonriendo. Yo tengo los pelos de punta.

-¿Qué quieres?

No me apetece charlar con él en la madrugada y mucho menos si está ebrio.

-Sólo para que sepas... No soy un insensible como piensas... -Cruzo mis brazos y miro por la ventana de mi balcón.

Y puedo sentirlo. Ahí, en mi pecho. Latiendo con todos sus agujeros, con todas sus grietas, con todos sus pedazos. Pero no sólo late, también llora, se desangra. Las punzadas lo acribillan provocando que varias lágrimas se junten en mis ojos.

-Aún te amo... -dice después de una pausa-. Como hace cuatro años...

Cierro mis ojos y una desobediente gota de agua salada se escapa por mi mejilla. Mi pecho duele y la sensación es tan clara como lo fue hace cuatro años. Me dejo caer en una silla que tengo cerca y siento que las piezas de mi corazón esparcidas en mi pecho están rompiéndose un poco más.

Si antes pensaba que era difícil cuando me atormentaba un recuerdo, ahora que es algo más que un recuerdo puedo decir que esto es una misión imposible.

-Te sigo amando, Ariadne.

No. Sólo es otra mentira. Él no me ama. Jamás lo hizo. Y ahora sólo está ebrio, no sabe ni lo que dice. Es absurdo mantener una conversación con alguien que no está completamente lúcido.

-Tu turno acabó, Jordan.

Cuelgo y ahora me permito llorar como quise hacerlo por cada una de las palabras que me ha dicho en esta breve conversación telefónica. Pero no puedo seguir así. No puedo permitirme llorar por alguien que no lo vale. Seco mis lágrimas y lavo mi cara en el baño. Tomo la ropa seca del tendedero.

Mi roto San Valentín #1. Rotos (✔)Where stories live. Discover now