Epílogo

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Luego de que Boit supiera la verdad, la relación de ellos se había roto completamente. El castaño ya no podía creer en Kiha, ni quería volver a intentarlo.

Pero a pesar de todo, se quedó con ella durante el embarazo, y los primeros tres años de las mellizas, para ayudarla a cuidarlas.

Después de aquel período, se había ido de la casa. Sabía que no podía seguir viviendo bajo el mismo techo, que no le hacía bien... No podía evitar mirar a Kiha, y pensar en su traición.

Pero para que la separación no fuera tan dura para las niñas, Boit había hecho su casa cerca de la de sus hijas... Básicamente eran vecinos, de ese modo, estaría siempre presente en sus vidas.

¿Y Kiha? Kiha llevaba un vacío y culpa enorme en su vida. Sabía que había actuado mal, pero él no podía, o no quería entender, que ella en ese momento no estaba bien.

¿Y de qué servía arrepentirse y pedir perdón? Boit ya no la amaba, y si tenía una "relación" con ella, era sólo por las niñas, para que tuvieran una buena imagen de ambos.

Y apesar de que él re hizo su vida, cuando las mellizas tuvieron seis años, ella no volvió a estar con otro hombre. El sentimiento de culpa, y la sensación de que no se merecía a nadie, la habían aislado de los hombres, enfocándose sólo en sus tres hijas.

***

Vio a sus hijas volver del colegio, en compañía de su padre, y Kanie, una de las mellizas, lucía bastante desanimada. Apenas le había respondido el saludo.

Kiha observó a su hija mayor, curiosa.

—¿Qué pasó?

—Papá... Nos dijo que Telia está embarazada —respondió la niña de ya once años—. Y a Kanie no le gustó mucho la noticia.

La castaña desvió la mirada, y respiró profundo.

—Iré a hablar con ella, pongan la mesa por favor, en seguida les sirvo el almuerzo —les dijo a sus otras dos hijas, antes de ir a la habitación de las niñas.

Entró en ella, y observó a su hija menor acostada en la cama, abrazando su almohada y escondiendo el rostro en ella.

—Hija —pronunció en un tono suave, sentándose en la cama, tocándole la espalda—. ¿Quieres hablar conmigo?

—No.

—Lo entiendo, pero... A mí sí me gustaría hablar contigo, sabes que puedes confiar en mí.

La pequeña castaña negó con la cabeza, y continuó del mismo modo. Kanie, a diferente de su hermana melliza Kana, había nacido con el mismo color de ojos de su padre.

Y la pequeña era muy unida a él, y celosa. No había sido fácil aceptar que él tuviera novia, que a los pocos meses, esa mujer fuera a vivir con él.

Y en menos de un año de relación, ahora les dijera que ella estaba embarazada, y tendrían un hermanito.

Kiha respiró profundo, y le acarició suavemente la espalda, antes de tomarla en brazos, y abrazarla a ella, sentándola en sus muslos.

La niña se aferró a su madre, y comenzó a llorar con angustia.

—Ya mi amor, tranquila. Tú papá no dejará de amarlas por tener un nuevo bebé. Nada va a cambiar, él siempre va a estar para ustedes.

—No, él va a querer más a ese bebé, porque va a vivir con él —sollozó con tristeza—. Yo no quiero que papá esté con esa mujer, yo quiero que papá vuelva a casa, que viva con nosotras.

KihaWhere stories live. Discover now