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De forma experta abordó sus labios, demostrándole nuevamente que podía dejarle sin palabras, y que la racionalidad propia de él se aniquilaría con solo el rozar de su boca.

No era una avezada en el tema, y eso él lo había comprobado la vez pasada, pero lo que producía con el mero contacto le dejaba la mente en blanco, embriagándole con su olor y sabor a chocolate.

Era adictiva.

Delirante.

Lujuriosa.

Vivaz.

Coquetamente encantadora.

La cordura abandonó su cuerpo, haciendo que las sensaciones tomaran el control de la situación.

Quería sentirla más cerca.

Impregnar su olor en su piel, y grabar cada caricia a fuego en su cuerpo.

Que sus besos fueran el recordatorio, de lo que en esos momentos era perfecto.

Esa mujer había logrado lo que ninguna.

Que quisiese marcarla como suya.

Poseerla.

Besar cada parte de su cuerpo de una manera vehemente.

Por eso, sin pensárselo demasiado mordió y chupó su labio inferior como si fuese una jugosa fruta, y su sabor dulzón le resultara el más rico de todos.

Porque eso era para él.

La gloria.

El jadeo que escapó de los labios de esta lo atontó por completo, consiguiendo que todo su cuerpo palpitara.

La deseaba.

No podía mentirse.

Debía aceptar, que necesitaba saber si poseyéndola se sentiría completo.

Brotando la afirmación a la vista solo especulándolo.

De golpe llegó la racionalidad cuando de improvisto aquella se separó abruptamente, liberándole de su hechizo.

Un estornudo potente la invadió.

—¡ME MUERO! —seguía un poco atontado, pero pudo observar cómo daba un traspié agitando los brazos, mientras sin poder recuperar el equilibrio quedó suspendida en el aire con una caída segura —¡Vida, fuiste mi mejor aliada mientras te tuve! —el dramatismo en otro momento le hubiese fastidiado, pero en esos instantes solo podía pensar en cómo salvarle mientras su corazón dejaba de latir quedándose sin aliento.

Sintiendo que la perdía.

Trató de agarrar su mano, pero fue imposible.

El también perdió el equilibrio en el intento.

Optó por la única opción que le quedaba.

Se arrojó al vacío, y la tomó como pudo entre sus brazos rodeándola con fuerza

Lo siguiente que sintió fue como todo su cuerpo impactaba contra el suelo, al igual que el peso extra quitándole el aire. Robándole un jadeo de dolor para después quedar todo en penumbras.

∙ʚɞ∙

FREYA

Freya no entendía como en un segundo estaba llena de felicidad al sentirse correspondida, recibiendo los besos de aquel hombre. que trastocaba todos sus sentidos con solo sentirle en los alrededores.

PROTEGIENDO EL CORAZÓN (LADY SINVERGÜENZA) © || Saga S.L || Amor real IIDonde viven las historias. Descúbrelo ahora