Capitulo 09

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     Olympia se sienta en la cama con sus manos juntas apoyadas en su regazo, mientras que Alexander se mantiene de pie mirándola fijamente, reconoce que jamás se sintió tan nerviosa porque su amigo le mirase, pero es que jamás había sido mirada de esa manera, al menos por parte del castaño y desde hace muchos años.

Daymon si le ha mirado enfadado o decepcionado, pero Alexander jamás lo hizo, siempre se mantuvo a su lado escuchando y respetando sus decisiones, aunque fuesen erróneas, pero esta vez... esta vez se siente totalmente defraudado y ella se ha dado cuenta.

Hace años que no discute con él, recuerda cuando fue la última vez porque también fue la única.

Pasó cuando ella acababa de cumplir nueve años y él once. Él se iba junto a Daymon a dar una vuelta por el bosque de detrás del castillo, ella era demasiado inteligente para su edad y fingió no mostrarse interesada y cuando los chicos partieron, ella lo hizo con ellos. Escondida y tratando de ser sigilosa se adentró tras ellos, pero se perdió y tras horas de dar vueltas sin encontrar el camino al castillo, empezó a llover.

Recuerda que pasó mucho miedo escondida en una diminuta cueva para resguardarse de la lluvia.

Al final fue encontrada por Alexander y, aunque esperaba que fuese Daymon quien le regañase como siempre por ser demasiado arriesgada, quien lo hizo fue Alexander, la discusión fue tan fuerte que, pasaron más de dos semanas sin hablarse, incluso Daymon comenzó a preocuparse por su pequeña disputa.

Alexander se negaba a ver a Olympia y ella rompía a llorar frente a Daymon todas las noches, por ese entonces incluso debían dormir juntos porque la chica no podía hacerlo sola, tenía pesadillas y siempre acababa colándose en su habitación en busca de su calor.

Tenía su corazón roto por primera vez, Alexander se lo había pisoteado con su falta de trato a una chica aterrada por el bosque.

Al final fue Alexander quien se acercó a ella, estaba celoso tras haberse enterado por parte de unas doncellas, que Olympia se había hecho muy cercana a Daymon y enloqueció al saber que, su preciosa y pequeña princesa, fuese tan apegada a su amigo y no a él.

Ambos aún recuerdan como se reconciliaron.

Ella le vio venir hacia ella cabizbajo, pero en vez de mantenerse madura como siempre había sido incluso a su escasa edad, no pudo evitar romper a llorar como un bebé. Lloró tanto que Alexander salió corriendo hacia ella y la abrazó, se sintió en ese momento un completo tonto, quería arrebatarle todos los malos recuerdos y su tristeza, quería protegerla y jamás hacerla llorar.

Se hizo una promesa ese día.

Nunca volvería a hacerla llorar, jamás se enfadaría con ella y si volvía a verle llorar de esa forma frente a él, mataría al bastardo que le hizo eso.

No quiere escuchar de nuevo como su corazón se derrumba con solo ver el rostro lleno de tristeza de su amiga.

Allí también supo que no era su hermana pequeña, era la princesa que comenzaba a querer de una forma diferente y desconocida para un chico de apenas once años de edad, que no sabe nada.

- Alex... - murmura Olympia rogándole con la mirada que por favor le escuche.

- No, Olympia – niega con la cabeza, enfurecido. Se quita su chaleco y lo avienta contra el sofá de su cuarto. Se pasa las manos por el pelo e incluso siente que se le escapa el aire de los pulmones – no quiero que me llames Alex.

- Entiendo... - agacha la mirada apenada.

En ese momento quiere mandar a tomar vientos su enfado, odia verla triste, se le rompe el corazón en pedazos, pero él también se encuentra triste, dolido incluso. Su confianza siempre seguirá intocable, confía plenamente en ella y jamás dudará, pero le duele que haya hecho cosas con Daymon sin él haber sido avisado.

Lucha de coronasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora