14

460 28 4
                                    

Como ya la habían avisado, estuvieron 6 horas de reloj preparándola para la boda que esperaba que no se celebrara.

-Ya solo te queda el maquillaje. -Sonrió Lia.

A Aida la caía bien, había llegado a palacio cuando apenas contaba con 3 años y la habían permitido asistir a clase con ella y con Aroa hasta los 11. La había llegado a considerar como una hermana mayor pero las cosas habían cambiado mucho y aquella chica rubia de ojos miel de 22 años, ya no era la de 11 con la que jugaba al escondite.

-Déjame a mí. Vosotras idos a realizar otras tareas, seguro que hay mucho por organizar aún.

Lia miró a Aida y esta asintió .

-Tiene razón, lo mejor es que os dividáis o no os dará tiempo a todo y el rey no tolerará ningún error, no quiero que os maltrate más de lo que ya hace. Vosotras dos podéis quedaros. -Señaló a Carla y Claudia. -Las demás, repartíos en las otras tareas como bien gustéis.
-Está bien, mi reina. Así lo haremos.

Todas las criadas realizaron una reverencia antes de salir por la puerta. Lia fue la última.

-Tomad. Sabéis que tenemos órdenes de encerrarla hasta que vaya a comenzar la ceremonia. -Dejó la llave en la palma de la mano de Carla. -Lo lamento, majestad.

Se fue con un gesto triste.

En cuanto la puerta se cerró, Aida se abalanzó sobre Carla y Claudia y comenzó a llorar.
Lucía salió del armario y se unió.

-Pero Aidi, no llores más.
-Lo siento. -Sollozó. -No deberíais estar aquí. Os he arrastrado y si Alejandro os pilla estaréis tan jodidas como yo o peor aún. Ese hombre es capaz de cualquier cosa con tal de lograr su objetivo.
-No repitas eso más, tía. -Claudia dejó un beso en su cabeza. -Estamos aquí porque hemos querido y vamos a ayudarte. Carla, busca el color dorado. Hay que maquillarla de verdad.

Lucía se sentó junto a Aida y la tomó de la mano.
Así estuvieron durante 1 hora y media mientras Claudia y Carla la maquillaban.

-Ni se te ocurra llorar ahora. -La advirtió Carla. -Si se te corre el maquillaje...
-Ya no tengo lágrimas que derramar. Estoy completamente seca.
-¿Estás segura? -El tono sugerente que utilizó Lucía hizo intercambiar una mirada a Carla y Claudia.
-¿Estáis juntas? -Preguntó Claudia con los ojos abiertos como platos. Aida y Lucía se pusieron coloradas. -¡¿Estáis juntas?!
-Shhhhhhhhhhh. -Lucía tapó la boca de Claudia y Aida la de Carla. -No pueden escucharnos. Y no, aún no estamos juntas.
-¿Aún? -Aida la miró con una sonrisa tonta en los labios.
-Pues claro, alteza. No seré ningún príncipe pero creo que he demostrado merecerme más ese título que él cabronazo que quiere convertirse en tu marido.
-¿Creo? Es más que obvio.
-Bueno, chicas. Aún faltan 2 horas para que comience la boda. Carla y yo vamos a salir y a fingir que somos dos sirvientas más.

Aida y Lucía asintieron.

-Os encerraremos y vendremos a la hora acordada. Todo irá normal hasta el "sí, quiero" tuyo, Aida. El rey dirá que se interpone y mientras Alejandro está distraído, te apartarás disimuladamente y te esconderás por donde buenamente puedas. Lo demás es cosa nuestra.
-Pero...
-Aida. -Lucía la tomó de las manos. -Déjanos ayudarte.

Aida se perdió en aquellos ojos verdes. Asintió sin darse cuenta de que lo hacía.

                                      ***

Cuando Carla y Claudia se fueron, Aida se tumbó en la cama y Lucía se tendió a su lado.

-¿Qué te pasa? -La preguntó Lucía. -¿Por qué tienes esa expresión en la cara?
-Yo... tengo una sensación rara, Lu. Es como sí... Vas a creer que es una tontería.
-Prueba a ver.
-Siento que algo va a salir mal esta noche, tengo un pálpito.
-Es normal, mi amor. Estás nerviosa.
-No, no es esa la sensación de la que te estoy hablando.
-¿Por qué no intentas dormir un poco?
-No me estás escuchando...
-Alteza, necesitas descansar.

Aida se cruzó de brazos y la dio la espalda.

-Aida... Aidi...

No la hizo caso. Entonces comenzó a darle besos en la nunca para seguir por su espalda.
La desabrochó el vestido y siguió bajando hasta llegar a la espalda baja.
Aida tenía la respiración entrecortada.

-¿Así me perdonas? -La hizo girarse hacia ella. -Dime.
-No lo sé. A ver.

Lucía sonrió y la bajó el vestido dejándola los pechos al aire.
Inclinó la cabeza y capturó un pezón entre sus labios.
El gemido que soltó Aida la hizo excitarse muchísimo.

-¿Así, alteza?
-Mmmmmm...
-No te oigo.
-Sí.

Lucía sonrió y le dio atención al otro pezón.

Se separó y la besó.
El beso fue largo e intenso y estuvieron en una lucha por el control hasta que el aire se hizo necesario.

-Creo que he arruinado el trabajo de tus sirvientas. -Aida se sonrojó. -Pero así estás mucho más bonita. Si por mi fuera te dejaba completamente al natural. Sin ropa ni maquillaje, con el pelo revuelto. Y sobre todo, debajo de mí con la espalda arqueada.
-¡Lucía Summers! No digas eso...
-Eres demasiado sexy.
-¿Y me lo dices tú precisamente?
-Pues sí. Tú no te estás viendo ahora mismo.
-Ni tú a ti.

Se sonrieron.

-Un momento, Lu. ¿Qué hora es? Tengo que arreglarme todo este desastre antes de que vengan a buscarme.
-Seguro que nos da tiempo a seguir un poquito más.

Lucía se inclinó hacia ella pero antes de que sus labios tomaran los de Aida, esta se separó.

-¡Oye!
-Mira la hora, por favor. Si Alejandro nota algo estamos jodidas.
-Es cierto, alteza. Lo lamento. Es que me vuelves loca.

Aida se rio.

-Eres una payasa.
-Menuda boca tienes, alteza.
-Pues bien que te gusta.
-Y tanto. -Lucía miró la hora. -Pues tenías razón, más vale que te prepares en seguida. Faltan solamente 30 minutos para la boda.

Aida corrió al tocador y se arregló el pelo y el maquillaje con la ayuda de Lucía. También se recolocó el vestido.
Se miró al espejo.

-¿Estoy bien?
-¿Bien? Aida, estás preciosa. -La abrazó. -Ojalá verte así algún día para mí.
-Lo harás, Lu.

Intercambiaron un beso y se miraron como lo que eran, dos tontas enamoradas que ni siquiera se habían dado cuenta de cuando habían empezado a sentirse así la una por la otra. Pero el sonido de la llave al introducirse en la cerradura de la puerta, las hizo separarse y a Lucía correr al armario.

Y aunque pensaban que se trataba de Carla y Claudia, menos mal que lo había hecho. Porque mirándola desde el marco de la puerta, no estaban ninguna de sus amigas.

-Majestad, es la hora.


¡Aquí os dejo un nuevo capítulo!
Ya están surgiendo más cositas entre nuestras protas. Yo también estaba deseándolo.

La reina de Nordlichter Where stories live. Discover now