47- Colegas

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*Narra Marshall*

Empuño fuertemente mi espada, lleno de rabia.

Escucho un rugido desesperado y lleno de dolor. Alzo la vista y veo al dragón caer. Se agita en el cielo... Ha perdido parte de su cola, pero conserva las alas. Si consigo llegar a él y tranquilizarlo, podremos salir ambos con vida.

Guardo la espada en la funda y lanzo un hechizo hacia la pata trasera del dragón. Creo una cuerda de hielo y trepo por la rígida estructura. Se rompe un par de veces, pero respondo a tiempo creando más. Logro llegar a él. Me sujeto con fuerza y subo por su cuerpo.

—¡Eh! ¡Tranquilo, Dack! —recuerdo su nombre—. Saldrás de esta con vida.

—No deseo vivir —dice él—. Siento decepcionarle, pero no podrá aprovecharse de mí para salvarse.

—Yo saldré de esta con vida, Dack. Si no caemos eternamente y nos encontramos con otro bloque, tú recibirás el impacto, amortiguarás mi caída y yo estaré vivo sobre tu espachurrado cuerpo. Lo que quiero hacer ahora es salvarte, ¡así que colabora!

—No puedo volver a volar, ¡no sin mi cola! ¡Me veré ridículo! Prefiero morir.

El dragón herido deja escapar un rugido desgarrador. Me giro y congelo parte de su cola para que deje de sangrar y de sentir dolor. La sangre de dragón es bastante caliente, tendré que repetir el proceso varias veces hasta que cicatrice por sí solo.

—Conservas tus alas, Dack. El viento siempre está de parte de los dragones, ¿no lo sientes? ¡Siempre serás un dragón! Vamos, un esfuerzo, ¡estira las alas!

Dack despliega las alas poco a poco; noto el miedo palpitando bajo su dura piel. Cuando tiene las alas desplegadas, la velocidad de nuestra caída disminuye.

—No cierres las alas, sigue así. Lo estás consiguiendo.

Dack se mantiene a duras penas en el aire, temblando ligeramente. Le doy unas palmadas en la espalda.

—¡Uno, dos! ¡Uno, dos! —animo para que coja el ritmo del aleteo.

—Lo he logrado.

—¡Perfecto, Dack! Ahora... vayamos a por el lameculos que te ha hecho daño.


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La chica del cabello de fuegoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora