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Zack.

Observé a la gente esperando una reacción de mi parte, pero mi mente bloqueada en el peor momento me impedía pronunciar siquiera una maldita sílaba.

—Tienes las hojas ahí —escuché la voz de uno de los guardias ubicado a mi izquierda, parado con elegancia mostrando respeto.

Miré encima del pódium; habían unas hojas que contenían un largo escrito, no hecho por mí, claro estaba porque no recordaba haber escrito semejante estupidez.

Comencé a leer lo más rápido que podía para entender lo que debía decir frente a tantas personas que confiaban en mi padre y en todo su equipo.

—Antes que nada, gracias por estar aquí —mi voz se amplificó por las bocinas. —Estoy agradecido con todos ustedes de haberse tomado el tiempo y la molestia de estar esta tarde con nosotros. —Continué leyendo, pero lo que seguía me parecía absurdo.

Me detuve un minuto en analizar lo escrito, seguramente escrito por mi padre o alguno de sus empleados que le arreglan absolutamente todo para que quede bien ante las cámaras.

No tenía demasiado tiempo, la gente me veía en espera de un gran discurso que no eran más que mentiras escritas tan correctamente que daba miedo lo que podía ser una buena escritura y un orador con talento; podría convencer a cualquiera, incluso, me atrevería a pensar que cualquiera con este ingenio podría tener su propio culto.

—Esto es muy nuevo para mí —sonreí y los espectadores rieron divertidos. Estaban siendo tan amables que me daba un gran pesar por el engaño que estaban por escuchar. — No soy el mejor dando discursos, para eso está mi padre. Él es mejor haciendo esto que yo. —Volteé a verlo y su sonrisa era poco comparado con lo alto que ahora tenía el cuello, estaba jactándose de tanta superioridad. —Siempre ha sido nuestro compromiso ayudar a Lockinhald. Apoyar a nuestra gente, que la confianza que ustedes nos brindan sea la correcta, sea valorada y demostrada con verdaderas acciones —me tomé un respiro y volteé a ver a mi audiencia escuchándome con demasiada atención. —Se que mi edad me quita credibilidad, pero tengo la certeza de que los conocimientos heredados y enseñados día a día por mi padre no han sido en vano. Ustedes hacen que mis ganas de ayudar sean mayor, que pueda entender las mentes más jóvenes, sus necesidades, sus dudas, sus miedos, así juntos poner una solución —dejé la hoja sobre el pódium y tratando de obtener más aire, recargué mis manos sobre la superficie de madera.

Mientras las alabanzas continuaban, yo aproveché la oportunidad de mentalizarme de que esto solo era una tarea más que me había dado mi padre, solo eso, y que pronto acabaría este martirio de mentiras.

—Quiero ser parte de su mundo y al igual que mi padre, hacer las cosas posibles. Demostrarles a través de mi padre y dentro de unos años, a través de su confianza a este muchacho —Puse la mano sobre mi pecho, haciendo referencia a mí —, con intención de hacer de Lockinhald un lugar mejor. Ayudar a cada uno de ustedes, escuchar cada propuesta, cada duda y cada preocupación. Mi padre y yo queremos que esta candidatura sea por ustedes, sean ustedes quien lideren el cargado. Nosotros solo seremos su portavoz, pero la última palabra será de ustedes, solo de ustedes. Gracias.

Los aplausos, los gritos, el ruido descomunal de la gente, de las tamboras y de todos lados rugieron en toda la explanada. Las banderas se ondeaban en el aire y mi padre estaba más que contento de lograr su cometido. La familia Lebeau lo había hecho de nuevo

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No fue hasta que abandonamos la explanada, nos despedimos de la gente como si fuéramos igual que la Reina Isabel despidiéndose de su pueblo, y nos tomamos unas fotos para el periódico local, que dio órdenes al chófer para que condujera primero hacia la casa.

𝟟𝟘 𝕪𝕖𝕒𝕣𝕤 𝕠𝕗 𝕝𝕠𝕧𝕖 (En Pausa) Where stories live. Discover now