9. Algo que empieza Prt.5

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Ukog se situó delante del joven, consiguiendo alzarlo con tan solo una mano. Riv, viendo que Ukog solo estaba pendiente del joven y había descuidado a los demás rivales, comenzó a concentrar un gran poder mágico en sus manos:

Los vientos son mi arma

tú mi inspiración

tu gracia mi guía

Yo solo soy un humilde servidor

Concédeme tu poder

Para borrar el mal que impide ver la luz

Aquellas palabras revelaban el gran poder que Riv poseía en su interior. Un fuerte viento reaccionó a su alrededor, trasladándose hacia el campo de batalla; energía captada también por el mismo Ukog que por primera vez parecía temer a sus adversarios. Dejando a Baren en un segundo plano, el demonio se lanzó hacia el guardián del viento. El poderoso ataque mágico de Riv se mostró en forma de energía. El ataque finalmente fue enviado contra Ukog que no logró esquivarlo y fue absorbido por un gran tornado.

Riv quedó exhausto tras crear el hechizo, casi aliviado. Hasta que escuchó las risas del demonio burlándose del poder de su rival, su cuerpo no había sufrido ni una sola herida. Riv, desesperado ante aquel hecho, volvió a concentrar su energía y lanzó una continua descarga de ataques de viento. Todos los ataques impactaban contra el demonio, pero este seguía avanzando con paso firme contra el guardián del viento. Lágrimas de desesperación nacían en el rostro de Riv, que no encontraba respuesta a lo que sus ojos le mostraban. Finalmente, Ukog se detuvo frente a Riv, con un dedo tocó su pecho y un rayo de energía atravesó el cuerpo del guardián.

Incluso desde el antiguo templo de Ve-Gor los hechiceros lograban percibir las perturbaciones en las fuerzas que regían el mundo. El combate contra la oscuridad había empezado. Lennan se dispuso a sellar el portal que unía el templo con su hogar para evitar que Ukog lograra utilizarlo para conseguir la espada divina.

―La batalla por el destino del mundo ha empezado ―dijo con voz solemne―, yo no puedo hacer nada más que acompañaros, mi poder resulta del todo inútil.

―No debes lamentarte, pues cada uno tiene un papel importante que jugar en esta historia y tú no eres una excepción.

―Tenéis razón ―intervino Nisha, que hasta aquel momento parecía absorbido por la majestuosidad del viejo templo―. Me gustaría regresar ―confesó―, me entrené junto a Sagras para defender a mi familia de la oscuridad, no debo quedarme de brazos cruzados mientras otros arriesgan su vida.

―Estoy orgulloso de ti ―contestó su maestro―, si tu decisión es firme no seré yo quien obstaculice tu camino.

―Agradezco tus palabras. Dile a Lua que me perdone, debo unirme a ellos. Sus enseñanzas me han transformado en lo que soy, debo defender lo que más quiero en este mundo, mi familia. ―Sagras se mostró orgulloso del joven de ojos rojos.

―Ten cuidado. ―Aquellas palabras fueron las elegidas por el antiguo guardián. No obstante, en su interior deseaba explicarle lo importante que fue su encuentro tiempo atrás durante la Gran Recolecta y cómo los años, junto a él y Lua, le trasladaron a una época en la que fue realmente feliz. Pero Sagras jamás se sinceraría de tal manera.

Nisha tomó el portal que le trasladaría de nuevo al hogar de Lennan. El joven de pelo gris miró por última vez a su maestro, se marchó sin mirar atrás. Por primera vez tuvo la oportunidad de devolver todo lo que la familia de Lua le había regalado durante todos aquellos años, por ellos, Nisha derrotaría a la oscuridad. 

HEREDEROS DE LA LUZWhere stories live. Discover now