Capítulo 27: Por primera vez

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María José meneaba su cuerpo de lado a lado al ritmo de una canción movida, murmuraba la letra con alegría, no podía despegar mi mirada de ella, de la paz que irradiaba mientras preparaba el desayuno, se paseaba por toda la cocina perdida en la canción, presté atención a su letra y definitivamente se sentía como nuestra, por primera vez se sentía bonito despertar, por primera vez me sentía feliz, enamorada y correspondida, segura de mí misma, como si nada a nuestro alrededor importara, solo éramos ella y yo en una cabaña romántica en el medio de un bosque rodeadas de solo naturaleza. Recargue mi cuerpo contra la encimera sin perder ningún detalle de cada movimiento que hacía mi novia, la delicadeza con la que cortaba una fresa, la sencillez que la caracterizaba, mi chaqueta cubriendo su cuerpo que solo portaba ropa interior de encaje negro, mordí mi labio al recordar el momento en que la noche anterior yo me había encargado de quitar cada prenda estorboza de su cuerpo que me impedía amarla como ella lo merece.

—¡Jueputa! —Gritó en cuanto se giró y me pilló admirandola sin pudor. —¡Me asustaste, Calle! —Golpeó mi hombro con su delicada mano, sonreí y atraje su cuerpo al mío con una sonrisa.

—Buenos días, mi amor. —Susurré contra sus labios.

—Buenos días, alteza. — Dejó un cálido beso en mí boca —¿Cómo amaneciste? —

—Cómo dice esa canción —Susurré —Por primera vez, un amanecer bonito. —Nuestros labios se encontraron, expertos en saber cómo acariciar los de la otra, nos besamos con ternura, derrochando amor sin medida. Incliné mi cuerpo hacia abajo para poder elevar el suyo logrando que sus piernas se gancharan al rededor de mí cintura. La dejé sentada sobre la encimera, aún sin dejar de saborear esos dulces labios. Bajé por su mandíbula hasta encontrar su cuello donde me entretuve repartiendo besos húmedos por toda su longitud. Su voz se volvía cada vez más pesada, se aferró con fuerza a la barra soltando un suspiro que aceleró mis latidos.

—Se...se va a —Pausó —Enfriar el de...sayuno.

—No importa... —Volví a sus labios, me moría por repetir lo de la noche anterior, por deshacerme entre sus caricias.

—Amor... La... —Tragó saliva —Laura organizó varias actividades para las dos...

—A mí se me ocurre otra actividad, María José... —Clavó sus ojos contra los míos mirándome de la manera más profunda, de esa manera en que me decía de mil maneras lo mucho que me ama. Bajó de la encimera de un brinco sin darme tiempo de nada más, tiró del cordón de mi bata de seda blanca dejando ver mi cuerpo solo cubierto por mi ropa interior. Mordió su labio y comenzó a repartir besos húmedos por el borde de mis pechos.

—Me tiene a sus pies, princesa... —Susurró. —Me tiene completamente rendida. —Bajó por todo mi abdomen, haciendo un camino con su lengua. —Me tiene postrada de rodillas ante usted, cuál súbdita. —Enganchó sus dedos en el borde de mi panti bajándola hasta mis rodillas. Me sonrió divertida. —Sus deseos son órdenes, alteza

Me desesperé, no hacía nada, solo se dedicaba a observarme, a tentarme pasando la punta de su lengua por sus labios humedeciéndolos, aumentando la humedad que se generaba entre medio de mis piernas.

—Hazlo, María José.

—¿Qué cosa, su alteza real?

—Hazme tuya, María José...

Me sonrió, besó debajo de mí ombligo, separó mis piernas y enterró su rostro en la parte más sensible de toda mi anatomía. A cómo pude me aferré al borde de la encimera, eché mi cabeza hacia atrás disfrutando de los movimientos de su lengua en mi zona. No podía evitar gemir su nombre, ni mucho menos suplicarle por más. Subió mi pierna a su hombro dándole más acceso, entró en mí con sus dedos haciéndome sentir casi desvanecer del placer que ella me proporcionaba. Mis ojos se tornaban blancos gracias a ella.

Un Corazón Para La Realeza.-Calle y PochéDonde viven las historias. Descúbrelo ahora