Prólogo. 🍷ⴰ༢

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♪ Antes de leer, los invito a conocer y a escuchar la Playlist para ambientar la historia. El link está disponible en la descripción de mi perfil. ♪

 Casi misma rutina, mismo lugar, diferente trabajo

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Casi misma rutina, mismo lugar, diferente trabajo.

Había venido durante unos meses a ese lugar, cubriéndose la cabeza con el gorro de su sudadera mientras trataba de pasar desapercibido por toda la gente del bar.

Durante aquel tiempo, sabía que no había podido mantener la promesa de su padre, cada noche se maldecía por eso sin sentir más que repugnancia.

Se sentía en una burbuja que daba vueltas y vueltas hasta que su vida cambió en medio de las tantas vueltas para detenerse justo en esa realidad. Cuando había decidido ayudar a su padre con el bar, nunca imaginó terminar así, como un bailarín que le ofrece espectáculos de entretenimiento erótico a los clientes del bar, así como había visto que hacían algunos chicos y mayormente chicas en las películas que veían sus amigos de la secundaria.

Pensaba día con día en cómo sería su vida si aquel accidente no hubiese ocurrido; cuando sus tíos llegaron a casa con una noticia mientras que sus facciones denotaban tristeza y, se podría decir, lastima por él.

"Papi y mami fueron a visitar el cielo, quizá tardarán un tiempo, pero... llegará un papi que no te abandonará, así que, vete con la señorita de negro, te aseguro que estarás bien"

Siendo tan solo un niño, no lo comprendía. Y permaneció dos años en un orfanato de Australia viendo como poco a poco, alguno de sus amiguitos se iba, y luego, no los veía más.

Felix entendió que luego él se iría y que, así como Lucas, Harry y Louisa, no regresaría. No entendía por qué, pero eran adultos que se miraban buenos las personas que se los llevaban. Desde niño tuvo que comprender su mente y los sueños que volaban en ella; como imaginarse siendo un adulto fuera del orfanato, porque nunca siendo un niño, imaginó ser adoptado.

Fue un miércoles. Mientras la señorita del delantal celeste lo miraba con una sonrisa desde la puerta sujetando su gato de peluche, como si estuviera triste y a la vez feliz por él. Felix sólo la miraba con curiosidad, era un niño, y así como un gato, podía percibir que su cuidadora quería llorar.

Un hombre vestido de azul y un juguete en la mano lo recibió en el jardín. Sus rasgos eran muy diferentes a las de su cuidadora y las suyas, su idioma era extraño y su acento no tan fluido como el de sus tíos.

Eso fue algo estresante para el niño, ya que le costaba tanto la comunicación con ese señor al cual tendría que llamar papá.

Al llegar su octavo cumpleaños, Felix ya estaba completamente mudado en Corea. Fue a una institución educativa, y como era de esperarse, nadie aprende un idioma nuevo de la noche a la mañana, y aunque su padre adoptivo trataba de enseñarle cada noche, siempre se veía complicado. Y por eso, es que el pecoso soportaba burlas en la escuela, algo de lo que se hizo esperar aun teniendo su edad.

Su día era muy ruidoso y estresante, pero en las noches con el hombre que se había convertido en su padre, era feliz.

El pasar de los años, a su decimocuarto cumpleaños. El adolescente estaba emocionado por conocer el lugar de trabajo de su padre, porque solía llegar a casa con regalos nuevos para él. Hasta que llegó a la conclusión de que ganaba tanto dinero.

Y cuando lo visitó por primera vez, lucía tan limpio como un teatro exhibiendo licor. El bar desprendía un rico olor a lavanda, y desde lo lejos se oía el corcho del vino abandonar la botella, la caída en forma de cascada del líquido dorado a la copa, la cerveza llenando los vasos y aquel olor a tabaco paseándose por los rincones oscuros del lugar.

Al principio no soportaba el aroma, pero fue acostumbrándose a eso cuando lo visitó más seguido. Poco a poco se fue integrando a él como barman de medio tiempo, incluso si su padre no estaba del todo de acuerdo; solía decirle que su temor era verlo caer en el alcohol, pero no se preocupó demasiado. Felix solo bebía agua con sabor a limón.

Pero eso cambió cuando cumplió dieciocho años de edad. A su decimoctavo cumpleaños, su padre sufrió un ataque de nervios causado por un derrame cerebral, llevándolo así, a su fallecimiento. Meses después de su muerte, en las horas de la noche el pecoso se estaba enterando de que había una cantidad elevada de dinero en el banco a su nombre, una casa y dos bares. Esa noticia le hizo llorar por días y horas, dándose cuenta de que Junho, su padre adoptivo, ya tenía previsto su muerte, pero, incluso si quiso darle algo a Felix, no tuvo el tiempo suficiente para otorgárselo completamente.

Por eso, su tío, el hermano de su padre adoptivo era quién tenía la autoridad sobre esas escrituras para Felix. Quién le dijo también que ahora, luego de la muerte de su hermano, tendría que trabajar a diario en aquel bar, el más grande en la ciudad de Seúl. Pero no como lo hacía antes, el cual era solo servir copas y platicar con los clientes.

Durante aquel lapso de tiempo después de su muerte, cuando Sunjun tomó el cargo, el bar había cambiado, su gente ya no era la misma y después ir al bar ya no se sentía bien.

La ley establecía una obligación entre los cargos y presentación legal de alguna propiedad, empresa o negocio. Y el bar no podía ser manejado por alguien de menor edad en ese tiempo según la ley coreana. Junho no tuvo más que darle la autorización a Sunjun para que firmara finalmente todo aquello para Felix cuando este cumpliera la mayoría de edad coreana. Los veinte años.

Porque antes de los veinte, seguía siendo menor de edad y era ilegal que él manejara el dinero y el bar, incluso una propiedad sin el permiso de alguien legal.

Con el pasar de las semanas se dio cuenta de que, si no lo hacía, podría ir a la calle, pues su tío era una mierda con él si no hacía lo que pedía. Felix se sentía y era presionado para hacer lo que su tío dijera y una de esas cosas que dijo fue: "Bailarás en el bar para ofrecer entretenimiento a los clientes"

Y al escuchar lo último, Felix desarrolló un odio hacia su propio cuerpo. Pues poseía un cuerpo delgado, una cintura casi femenil, algo que no le agradaba en lo absoluto luego de escuchar a ese supuesto tío. Las palabras y su voz se guardaban en su cabeza, aterrorizándole y desgraciadamente, obedeciéndole.

Felix solo era un chico de diecinueve años con una belleza exótica. Que también, ahora servía entretenimiento a clientes en un bar sobre un escenario como uno de los bailarines exóticos más buscados por la misma clientela.

 Que también, ahora servía entretenimiento a clientes en un bar sobre un escenario como uno de los bailarines exóticos más buscados por la misma clientela

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Exotic Dancer © #HyunLix ʿⁿᵛʾ [✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora