27. Compatibilidad de fuego

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Mar.

—Vine con el corazón en la boca, si me dices que te arrestaron por exceso de belleza no vuelves a saber de mí en mi vida.

Llegué en cuestión de minutos, siquiera pregunté la localización, pedí al primer chofer que encontré que me llevara a la comisaria 23, preocupada. En el fondo dudaba que hubiera hecho algo malo como qué sé yo, matar un libra, pero era consciente de lo irresponsable que podía llegar a ser Honne en ciertos aspectos.

—Es muy pronto para que me provoques de esa manera.

La mantuvieron sentada en un rincón, custodiada por un solo miembro del cuerpo policial, a juzgar por vista solo quedaban cuatro al ser tarde en la madrugada. Me dio la sensación de que más que retener una presa, la cuidaba, ella tenía la mirada perdida y las manos sobre sus rodillas inclinada ligeramente hacia delante mientras me hablaba.

—¡¿Por qué demonios estás en la comisaría, Honne?!

—Dijeron que era ilegal quererte tanto. —levantó la cabeza.

Me quedé observando de cerca por una pista, hasta que conecté un par de neuronas.

Me senté al lado suyo, lucía estable, la he visto en peores situaciones apenas conocernos así que asumí que no la arrestaron por ello. Parpadeaba como si sus ojos le pesaran, su cabeza cayó sobre mi hombro.

El momento sería serio si no tuviera un sombrero de flamenco en la cabeza, el maquillaje corrido y me sonriera cada vez que la miro.

—Bueno, estaba manejando. Alguien propuso jugar yo nunca nunca, nos quedamos dando vueltas en circulo por la manzana sin autos, luego los policías aparecieron.

—¿Cómo se supone que les crea eso? No tiene ningún sentido conducir para ir a nada. Además, pensé que nos quedamos todos en este barrio privado, estoy a unas cuadras.

—Estábamos cantando.

—Ah, entendible. Puedes quedarte conmigo esta noche, cuando paguemos la multa o lo que pongan de condición. —ofrecí.

—Como que en plural —me di cuenta de sus palabras—, ¿Quiénes?

—Ya logré ocultarlo —apareció Luna, ignoró mi presencia para estirar del brazo a Honne—. apresúrate antes de que alguien te reconozca.

Quería creer que me hacía ideas en mi cabeza, por supuesto que las hice como cualquier persona en su primera relación confundida, insegura y sin pensar con claridad, no obstante, tampoco ayudó mucho como la tenía tan cerca que luego de llevarla a nuestra comida salió de fiesta con ella.

Nosotras nunca salimos de fiesta si no era por contrato, me pregunté si la trata mejor. Tal vez necesitaba ayuda exterior, mis ideas me dejaron de hacer bien.

¿Si no era necesaria mi presencia por qué me hizo venir hasta aquí solo para verla con otra persona?

—¿Ustedes vuelven juntas? —indagué sonriente.

—No que íbamos a volver, pero supongo que ahora sí. Se está quedando en mi departamento.

Oh, claro.

—Que la pasen muy bien, déjenme el llamo un Nuber para que las lleve. —me aparté unos pasos, incomoda tiesa en un mismo lugar.

—Muchas gracias Astrohada —chilló Luna—, eres un encanto.

—No hay de qué... —miré a Honne—. Cuídate, deja de beber tanto sin darte cuenta, ponte el cinturón de seguridad.

Perdí horas de sueño, estabilidad mental y media dignidad al correr detrás de mi ex. Perfecto.

Si ellos supieranDonde viven las historias. Descúbrelo ahora