42. Luna en aries

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No me quiero seguir sintiendo mal por esto

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No me quiero seguir sintiendo mal por esto. Quiero sentirme apoyada.

Pero ella endureció su expresión, sus ojos viajaron a la mano de Honne en la mía. Un largo suspiro de su parte cortó el silencio en dos, retrocedí.

Es triste como tu cuerpo se acostumbra a ciertos actos, supongo que tiene que ver la evolución, con tal de sobrevivir. Retrocedí un paso porque tenía miedo que me ataque.

La pregunta de si me quería de igual forma quedó rondando en el aire, hasta que su severa mirada la recogió.

—No.

Honne se levantó asombrada, se relamió los labios tragándose sus palabras, no obstante, yo no me sorprendí.

—Entiendo —respondí aunque me doliera el pecho—, quería venir a saber cómo estabas, me alegro que estés bien.

—Mar, mamita —posó su palma en mi hombro, tuve un escalofrío—. ¿Cómo sabes eso? ¿Vos estás segura? Es raro, no es natural, sos tan linda para tomar estas decisiones...

—No es una decisión —desvié la mirada, apreté la mandíbula—. si lo fuera hubiera elegido algo que no me separara de la familia y que no hiciera que me veas con asco.

Siempre fui alguien que no podía controlar sus lágrimas, odiaba eso de mí. En especial cuando Honne me abrazó por la espalda porque estaba temblando, cosa que hubiera apreciado si no hubiera hecho que esa señora abriera la boca de vuelta.

—Mar, sos mi hija, te quiero. Estoy orgullosa de tu éxito, de tu carrera. Pero no me parece natural, no es lo que nuestra iglesia aprueba y yo no puedo aceptarlo.

—Entonces no estás orgullosa de mí. —interrumpí.

—¿Y de qué tengo que enorgullecerme? ¿Qué estás con ella?

Señaló de manera despectiva a Honne.

Cruzó una línea que no debía, porque estuve toda mi vida acostumbrada a que su desprecio se escondiera en falsos cumplidos cuando las cosas salen como ella quiere, solo, única y exclusivamente cuando mi ser se adapta al específico molde de hija a la que aprecia. Estuve conforme con que al menos no me golpeara, a veces sus palabras me lastimaron tanto que ocho años después las sigo recordando por las noches, me acostumbré a no tener su apoyo en lo que me gustara porque hubiera preferido que quisiera ser abogada o doctora, cuando faltó a cada recital de mi infancia dejándome sola sin nadie más se lo perdoné porque al menos intentaba mantenernos, lo hizo muy bien.

En ese instante no pensé en que nunca me dio una migaja de apoyo en mis sueños, si ahora le "enorgullecía" era porque ya pasé el camino difícil, sola. Ya no tiene qué criticar o no sabe qué puede usar para desmerecerlo, mi carrera le brindó dinero, eso la hizo reconsiderarla.

Quizás hubiera preferido que me eche de la casa, sus frases fueron peor que cualquier comentario de hate que hubiera leído porque fue de alguien que me importaba.

Si ellos supieranDonde viven las historias. Descúbrelo ahora